PELI: «Un cuento chino», Argentina 2011

«Un cuento chino», Argentina 2011Es indudable que Ricardo Darín es uno de los mejores actores argentinos de la actualidad. Quizá es incluso también uno de los actores más reputados, reconocidos y apreciados del panorama del cine hispanohablante. Su expresivo rostro y su voz profunda y cálida tienen una presencia inconfundible y extremadamente solvente frente a la cámara, por lo que siempre es agradable verlo. De hecho, desde El secreto de sus ojos se ha convertido en uno de mis actores favoritos, una filiación que, supongo, habrán sentido muchos más espectadores desde que se estrenó esa obra maestra.

Sin embargo, esta última película suya me deja indiferente por varios motivos. Es una película que está llena de topicazos, de situaciones, personajes y sentimientos bastante trillados en cintas anteriores con incluso mejor definición y acabado. Combina con poca gracia y menos originalidad esquemas tan manidos como el del hombre cascarrabias y escrupulosamente metódico que vive instalado en la soledad por voluntad propia, pero que en el fondo tiene corazón; el del extranjero desubicado, marginado y rechazado cuyo único apoyo será la avenencia precisamente de su antagonista; el de la mujer devotamente enamorada que nunca pierde la ilusión por el hombre que la ignora metódicamente, etc.

El ritmo de la trama resulta bastante pausado, por no decir definitivamente lento, pero creo que esto sirve para poder fijarme en otros aspectos de la cinta que, seguramente en otras circunstancias, me habrían pasado desapercibidos. Así, he podido dejar a Darín en su descafeinado papel de hombre huraño y cascarrabias para concentrarme en la interpretación de Huang Sheng Huang, el chino. La actuación de Huang Sheng, quien no pronuncia una palabra de español en toda la película, me parece digna de mención. Tan sólo con los gestos y las miradas es capaz de transmitir de forma extraordinaria el desazón y la angustia provocados por su situación insostenible que tiene origen en un accidente de lo más inusitado. Estando en China, un acontecimiento extraordinario (no diré lo que es para no estropear la película) le impide proponerle matrimonio a su prometida, por lo que, para empezar una nueva vida lejos de ese trauma, decide marchar a Argentina y reunirse con un tío suyo que vive allí. Pero cuando llega a Argentina lo roban y lo dejan tirado en la calle. Sin dinero y sin conocimientos del idioma, su situación es desesperada, pero por casualidades de la vida, Roberto (Darín) se ofrece a regañadientes a ayudarlo. Ahí comienza pues la relación entre dos personas que por un breve período de tiempo están condenadas a entenderse y, para el hosco personaje de Darín, también a soportarse pues la entrada del chino en su vida romperá todos los esquemas y rutinas de las que habitualmente no puede prescindir.

Por lo tanto, una película light con pocas pretensiones que a un servidor a pesar del siempre magnífico Ricardo Darín le ha sabido a poco; sobre todo después de haber disfrutado tanto con El secreto de sus ojos y Nueve reinas.

  • Valoración: 3 sobre 5.
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Publicado el 11 julio, 2011 en Películas, películas argentinas, PELIS y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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