DISCO: «Pyramid», The Alan Parsons Project (1978)

«Pyramid», The Alan Parson's Proyect (1978)Empiezo mi andadura de reseñas de discos con uno de los que más me ha marcado desde que a mediados de los 80 lo escuché por primera vez: Pyramid, de The Alan Parsons Proyect. Este pedazo de disco, conceptual, para más señas, es el tercero de la banda liderada por Alan Parsons y Eric Woolfson, sus dos pilares compositivos. Con anterioridad, Parsons y Woolfson sacaron a la venta los nada despreciables (es decir, también obras maestras) Tales of Mistery and Imagination (1976) y I Robot (1976), obteniendo un reconocimiento sin igual por parte del público y de la crítica durante aquellos años finales de la década de los 70, un reconocimiento mayor incluso que con Pyramid.

Seamos benévolos y aceptemos (aunque no compartamos) lo que la historia ha escrito y lo que algunos se empeñan en afirmar como un disco prescindible. Sin embargo, para mí, Pyramid es sin ningún tipo de duda el mejor álbum de estos dos compositores ingleses, y también sin duda, uno de los mejores de la historia de la música de cualquier género. Esto puede deberse a dos cosas: que Pyramid es uno de los discos más oscuros de The Alan Parsons Project y que mis gustos provienen principalmente del rock, rock progresivo, heavy metal en muchas de sus variedades y las bandas sonoras. Por eso, si comparamos los rangos cromáticos de los demás discos de The Alan Parsons Project podemos ver que Pyramid es algo más tenebroso (escúchese el espeluznante In the Lap of the Gods o el futurístico Hyper-Gama Spaces para hacerse una idea). En fin, que todos se empeñan en decir que no es un disco que va más allá y a mí me emocionan cada uno de sus acordes de una manera única. Está claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero precisamente por eso yo me permito la libertad de decirlo aquí a todo el mundo: ¡Pyramid es una auténtica pasada! Es un disco lleno de canciones que parecieran provenir de más allá del espacio en forma de momentos cósmicos y estados de la mente, intemporales, reales, preciosos, de una emotividad y profundidad sin parangón. El primer tema, Voyager, ya es toda una declaración de intenciones. Vamos allá y adentrémonos en el mundo virtual de Pyramid.

1. Voyager ↓ (instrumental)

Recomendación: conecte los auriculares al PC o a la cadena de música. Si no tiene, baje inmediatamente a la calle y vaya a la tienda más cercana para comprar unos, pero que sean de buena calidad. A continuación colóquese en una posición cómoda, a ser posible sentado de forma reclinada en un buen sofá con la ventana cerca por si le place mirar hacia el infinito del cielo. Ahora dele al play y espere. En seguida se sumergirá en un viaje espacial que le llevará muy lejos…

Hay que recordar que esta fantástica pieza instrumental fue concebida a finales de los años 70, cuando los sintetizadores (y más aún los samplers generados por ordenador) eran toda una novedad tecnológica que no muchos conocían y todavía unos pocos dominaban. En Voyager tenemos una pieza exquisita de ingeniería musical, una pieza excelente de composición que sirve como proemio al periplo que viene a continuación.

2. What Goes Up ↓ (letra)

[If all things must fall

Why build a miracle at all

If all things must pass

Even a pyramid won’t last]

Si todas las cosas deberán caer / ¿Por qué construir milagros? / Si todas las cosas deberán quedar atrás / Tampoco la pirámide durará. Es maravilloso cómo con tan poco se puede hacer tanto. La melodía de este tema es sencilla, la letra es sencilla, el tempo, medio, y sin embargo nos embarga la emoción. Eso es precisamente lo que hace genial este disco: cómo con esquemas simples se puede lograr tanto. La voz de la conciencia pregunta si el paso del tiempo lo puede todo, ¿por qué pretender hacer cosas que perduren? La respuesta quizá sea diferente para cada uno.

3. The Eagle Will Rise Again ↓ (letra)

[As the days of my life are but grains of sand

As they fall from your open hand

At the call of the wind’s command]

Pues los días de mi vida no son más que granos de arena / Que caen de tu mano abierta / A las órdenes del viento. Enorme balada en la que un joven faraón, convertido en dios en vida, ahonda en las inseguridades propias de la raza humana. Si te encuentras solo y lejos de donde deberías estar, si los problemas se ciñen sobre ti, si la persona a la que quieres está lejos, escucha esta canción. Estoy convencido de que durante los más de cuatro minutos que dura te olvidarás de aquello que te aflige o te ayudará a sobrellevarlo. Una vez más me fascina la sencillez del tema, pues gran parte de él está basado en tan sólo tres notas y una línea de voz.

4. One More River ↓ (letra)

[Don’t look back cause there’s one more river

Don’t turn your back you got one more river to cross

No more fightin’ and no more dyin’

No more cheatin’ and no more lyin’]

No mires atrás porque hay otro río más / No te vuelvas, hay otro río más que cruzar / No más luchas y no más muertes / No más engaños y no más mentiras. Esta es una de las piezas más pegadizas y movidas de todo el disco, una especie de rock an’ roll con la voz de Lenny Zakatek. Fue todo un éxito radiofónico y no es para menos. Esa combinación orquestal con tintes roqueros y ese saxofón dando caña es de una exquisita virtud musical al alcance de pocos compositores.

5. Can’t take it with You ↓ (letra)

[No matter what you do

No you can’t take it with you

Not the place you’re going to

Can’t take it with you]

No importa lo que hagas / No, no puedes llevarlo contigo / No al lugar hacia el que vas / No puedes llevarlo contigo.

Todo lo que nos proponemos en vida es interrumpido cuando aparece la muerte. Este paradigma, aunque sencillo y lógico suele pasarnos desapercibido muchas veces a lo largo de nuestra existencia, pero es una verdad incuestionable. La melodía de este tema es uno de los más pegadizos y representativos del dúo Parsons-Woolfson. Ese solo de guitarra, insisto una vez más, sin ser realmente elaborado y que finaliza ligeramente desafinado permanece en el subconsciente durante mucho tiempo.

6. In the Lap of the Gods ↓ (instrumental)

Es extraño. Yo debía tener unos ocho o diez años cuando escuché por primera vez esta canción y confieso que me cagaba de miedo cada vez que lo hacía. Sin embargo, sentía una rara atracción hacia este tema tan tremendo por sus más de cinco minutos de carga dramática. Ese inicio inconfundible de campanas funerarias y esa melancólica flauta que proyectan una escena de desolación intemporal… con ese golpe de órgano sensacional que me erizaba todos los pelos del cuerpo, ese coro tremendo y no humano, esos virajes violinísticos espectaculares… Es que uno no puede sentirse de otra forma cuando está en el regazo de los dioses. Para mí uno de los temas musicales más espectaculares jamás compuestos.

7. Hyper-Gama-Spaces ↓ (instrumental)

Abandonamos el espacio terrenal para adentrarnos al espacio sideral. Recuerden, estamos en el año 1978, pero los arreglos y la composición de este corte casi podría definirse como los orígenes de la música electrónica, concretamente de la música ambient (estoy convencido de que ha debido ser una fuente de inspiración de este género musical que tuvo su auge durante los años noventa).

8. Shadow of a Lonely Man ↓ (letra)

[Look at me now, the shadow of the man I used to be]

Mírame ahora, la sombra del hombre que una vez fui. Llegamos al final de este épico periplo con esta balada melancólica que nos cuenta cómo el espíritu del faraón se ciñe sobre sus tesoros terrenales colocados ahora en un museo, y cómo los visitantes lo contemplan con diferente interés.

¿Qué es lo que hace que no nos cansemos nunca, repito NUNCA, de escuchar un disco? No tengo respuesta para esto; sólo sé que Pyramid es uno de «esos» discos, uno de los pocos que gozan del beneplácito de la perpetuidad: tras haberlo escuchado, sus líneas melódicas se pueden quedar en nuestra mente durante días y, al contrario de lo que podría esperarse, deseamos volver a introducirnos en esas canciones nuevamente, una y otra vez.

Estado de ánimo ideal para escuchar el disco: momento de introspección, cualquier estado de melancolía, cuando se está en búsqueda de la inspiración, cuando se quiere y necesita abandonar este mundo por unos minutos para volverse a conocer nuevamente.

Valoración: 6 sobre 5.

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Publicado el 9 junio, 2011 en DISCOS, Rock progresivo. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. alfonso ghisellini

    en lo personal es el mejor disco ya q se entiende con solo oirlo todo lo q en el expresa solo falta el calor y la arena del desierto

  2. Me encantó tu reseña, para mi también es el mejor disco de Alan Parsons, ya que fué el primero que escuché y le guardo mucho cariño. Lo único que me descolocó es que te saltaste Pyramanía 😦

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