PELI: «A bout de souffle» («Al final de la escapada»), Francia 1960

¿Alguna vez han deseado viajar a través del tiempo hacia el pasado? ¿Alguna vez han soñado con estar, por ejemplo, en el París de los años 60? ¿Sí? Pues entonces deberían urgentemente ver esta película de Jean-Luc Godard. Urgentemente. ¡Ya!

Y es que esta pieza de arte visual es una delicia se mire por donde se mire. La interpretación de Belmondo y Seberg es exquisita, el trabajo de cámara magistral, la luz inolvidable, la escenografía, que en realidad no es tal porque el director lo que hizo fue meterse en las calles de París y pedir a los transeúntes que por favor no miraran a la cámara, capta la esencia de un París real pero al mismo tiempo de ensueño, hedonista y seductor, y pocas veces retratado de manera tan cautivadora.

Me parece muy curioso que siendo una de las cintas más importantes no sólo del cine francés, sino de la historia del cine en general, la trama sea tan sencilla y sin pretensiones, como si la hubiera escrito un estudiante de instituto. Michel Poiccard es un pillo que idolatra a Humpfrey Boggart. Trata de vestir como él, de caminar como él, de fumar como él, de proyectar la misma imagen de hombre duro. Un día en Marsella roba un coche y es perseguido por dos policía en moto matando a uno de ellos durante la huida. Llega a París, y lo hace principalmente por dos motivos: para reclamar a una persona un dinero que le está debiendo y para verse con la hermosa estudiante norteamericana Patricia Franchini (Jean Seberg) con quien había tenido una relación sentimental tiempo atrás. A pesar de que tiene a toda la policía de Francia pisándole los talones, lo único que le preocupa a Michel es volver a seducir y convencer a Patricia para que se marche con él a Roma. Pero la joven y atractiva norteamericana no parece muy interesada. En realidad Michel le resulta atrayente, pero ella es muy joven y está demasiado confundida como para saber qué es lo que realmente quiere de la vida. Sobre todo cuando en su entorno todos los hombres caen rendidos a sus pies por su hermosura y su seductor acento al hablar en francés. Y precisamente esa indeterminación será la pérdida para Michel, más enamorado de ella a cada momento que pasan juntos.

Esta película es tremenda (¿lo he dicho ya?). Uno puede verla varias veces y encontrar siempre algo distinto, un gesto nuevo, un guiño que antes ha pasado inadvertido, Yo, que nunca he sentido pasión por la cultura francesa no puedo más que rendirme a esta obra maestra, a las hermosas imágenes del París de los años 60 y a la inocencia de Michel, que es un cabroncete pero por quien al final uno termina de sentir bastante empatía. No sé si sólo me ha pasado a mí, pero A bout de souffle es de esas pocas películas que consigue transportarte y meterte en la historia que cuenta como si de verdad la hubieras vivido en tus propias carnes.

  • Valoración: 5 sobre 5.
  • Dificultad lingüística: media tirando alta. Sobre todo por sus largos y rápidos diálogos. La dificultad estriba en que Michel Poiccard habla bastante rápido y emplea léxico vulgar parisino.

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Publicado el 2 marzo, 2011 en Películas, películas francesas y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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