LIBRO: «Eiger Dreams», Jon Krakauer

Este libro del famoso escritor, periodista y montañero estadounidense Jon Krakauer sobre historias de montañismo es realmente entretenido. Contiene una compilación de 12 historias cortas e independientes entre sí que fueron publicadas a modo de artículos en las revistas especializadas en montañismo Outside y Smithsonian entre mediados de los años ochenta y noventa.

Voy a extenderme aquí sobre todo de las historias que más me han gustado. La primera es una de ellas; lleva el nombre que da título al libro, Eiger Dreams, y cuenta la aventura que vivió el propio autor cuando intentó escalar la cara norte, die Nordwand en alemán, del monte Eiger. Para aquellos que lo desconozcan, el Eiger no es una montaña muy alta, tiene sólo 3970 m de altura y se encuentra en la cordillera de los Alpes suizos. Sin embargo, la cara norte es famosa por su inclinación cercana a los 90º y su exposición a fuertes vientos que provocan a menudo la caída de rocas. Es, por tanto, una montaña muy técnica sólo apta para montañeros con mucha experiencia. Es asimismo el escenario de una de las historias más dramáticas que se conocen en el alpinismo: la que les ocurrió en 1936 a los alemanes Toni Kurz y Andreas Hinterstoisser junto a dos compañeros austriacos. Cuando, tras intentar en vano coronar la pared, se vieron obligados a descender por las inclemencias climatológicas los cuatro se despeñaron y fallecieron prácticamente en el acto; salvo Kurz, que logró sobrevivir a la caída quedando colgado de la cuerda de seguridad que le unía a sus compañeros. A pesar de los esfuerzos por parte de un grupo de rescate que logró llegar hasta él y lanzarle con éxito una cuerda, el nudo que consiguió hacer Kurz para unir ambas cuerdas no pudo pasar por el orificio del mosquetón condenándole definitivamente a morir de hipotermia y extenuación colgado de la cuerda a pocos metros del desesperado grupo de rescate. Un drama muy parecido al que le sucedió a Joe Simpson (pero con final diferente) y que contamos en la reseña de Touching the Void (Tocando el vacío).

El Eiger es una montaña que no para de escupir a todo aquel que intenta escalarla, es una cumbre especialmente peligrosa por las frecuentes avalanchas y caídas de piedras y rocas. A menudo estas avalanchas son provocadas por un tipo de viento que los lugareños llaman Föhn, un viento cálido repentino que deshace o funde la nieve rápidamente y al que le achacan la capacidad de volver loca a las personas. Esto último, sin embargo, no ha sido probado científicamente todavía.

Krakauer y su amigo Marc intentan subir por la ruta tradicional, la que comprende la travesía Hinterstoisser, pero su lento ritmo de escalada y los constantes desprendimientos de roca y nieve les hace tomar la decisión de abandonar la aventura. Éste es un excelente artículo en el que Krakauer, además de contar su propia experiencia (frustrada) por coronar la cima, describe y narra la historia de esta mítica montaña situada en el corazón de Europa.

En la segunda historia Krakauer nos habla de John Gill, el mítico escalador y pionero de la escalada libre en roca. Gill es el primero también en considerar la escalada libre como una filosofía y forma de vida que va unida a unos valores y que ha sido referencia para muchos otros escaladores posteriores. Para mí este señor, matemático de profesión, era un perfecto desconocido, pero Krakauer nos habla de esta persona excepcional no sólo en lo referente a su habilidad escaladora, sino en la fascinación que le supuso siempre el reto de vencer la gravedad y la forma de relacionarse con la roca.

En la tercera historia, Valdez Ice, Krakauer nos envía a Alaska y nos cuenta cómo surge, allá por los años setenta, la moda de la escalada en paredes totalmente verticales de hielo (cascadas heladas) y el perfeccionamiento de diversas herramientas como el piolet y los crampones por parte del escalador y al mismo tiempo artesano francés Chouinard.

La cuarta historia, On tentbound, es para mí una de las más curiosas y entretenidas. Aquí Krakauer nos trata de los inconvenientes de pasar muchas horas dentro de la tienda de campaña en espera, por ejemplo, de que amaine una tempestad. Lo peor no es el olor avinagrado de los calcetines o la pestilencia que sube del fondo del saco de dormir cuando uno lleva varios días acampando sin posibilidad de salir de la tienda y por tanto de llevar a cabo unas tareas mínimas de aseo. Lo peor es no saber cómo combatir el aburrimiento y los efectos psicológicos negativos que éste produce en el montañero. A menudo son muchas horas que incluso a veces se convierten en días, los que hay que quedarse encerrado en un habitáculo minúsculo y en los que el tedio pone a prueba la resistencia psicológica.

La quinta se titula The Flyboys of Talkeenta y narra la historia de los dos pilotos pioneros en el turismo alpino, dos hombres que hicieron de sus vuelos imposibles sobre glaciares y lugares remotos de Alaska su forma de vida.

El siguiente artículo se llama Club Denali y es otro de los más apasionantes del libro. Trata sobre cómo se ha ido masificando la escalada a la montaña más alta de América del Norte, el McKinley, situado en el Parque Nacional Denali, Alaska, con una altura de 6194 m. Esta cumbre, sin ser de las más altas del panorama alpino, resulta ser bastante más peligrosa de lo que los montañeros inexpertos piensan. Las condiciones climatológicas son muy cambiantes, en la zona puede llegarse hasta los -40 ºC o formarse una tempestad con relativa facilidad y de forma inesperada, una característica que raramente se da en otros picos más elevados. Krakauer denuncia en este artículo lo trivial y masificado en que se ha convertido el escalar montañas y ofrece como ejemplo lo que ocurre con el MacKinley. Grupos de excursionistas mal equipados para la escalada o el frío que llegan con la idea de darse un paseo por la montaña más alta de Norteamérica, la masificación de la ruta y el deterioro del entorno debido a los residuos dejados por los visitantes, las negligencias de los novatos que continuamente suponen un riesgo para sí mismos, para sus compañeros y para los servicios de rescate. Pero lo peor de todo es la pérdida prácticamente total de los valores tradicionales de los montañeros, como son el amor y el respeto por la naturaleza.

Con el título de Chamonix Krakauer nos describe cómo es la vida de este pequeño pueblo de Francia donde la afluencia de escaladores, deportistas de otras disciplinas y freakies de las actividades al aire libre lo han convertido en el punto de reunión forzado de, en algún momento, los más avezados aventureros. Todo el pueblo de Chamonix vive de estos bichos raros que se largan a la mínima a escalar las montañas más cercanas o a descender los rápidos de los ríos o a tirarse en parapente desde un globo aerostático. Krakauer hace una buena descripción del espíritu aventurero y arriesgado de esta gente.

Canyoneering describe la modalidad de descender a través de barrancos o cañones de agua con una piragua o barca similar, o en las partes que son impracticables, haciendo rappel. Como en los últimos tiempos mi interés se centra casi exclusivamente en el alpinismo, este artículo no es de mis favoritos y no lo voy a comentar aquí.

A Mountain Higher than Everest? es quizá la historia más curiosa de todas. Todos afirmamos con certeza que el monte Everest (8848 m) es el más alto del mundo. No existe ninguna duda sobre esto. Pues bien, no siempre ha sido así. Hubo un tiempo en el que se tuvo prácticamente la certeza de que existía una montaña más alta al Everest. Y no hace mucho de eso. En 1975 el astrónomo George Wallerstein realizó una nueva medición del K2 (8611 m) que dio como resultado una altura de 8908 m, es decir, 61 m más alta que el Everest. Si esta medición era correcta significaba que todo el mundo había intentado escalar la montaña equivocada y que los escaladores italianos Lino Lacedelli y Achille Compagnoni, los primeros en llegar a la cumbre del K2 en 1954, habían sido por tanto los primeros hombres en pisar el trozo de tierra más alto del mundo. El revuelo producido obligó a Wallerstein a afirmar que sus mediciones no eran definitivas. Hasta que mediciones posteriores confirmaron que el Everest era sin duda la montaña más alta. Sin embargo, esta anécdota no fue la primera. Mucho antes, en 1930, Joseph Rock, botánico autodidacta, avisaba por cable a la National Geográfic que la montaña Minya Konka en China tenía una altura de 9220 m (para posteriormente confirmarse su altura definitiva en 7556 m). En fin, un artículo de lo más didáctico y entretenido, lo recomiendo mucho.

El décimo artículo se titula The Burgess Boys y cuenta la historia de los gemelos del mismo nombre, reputados y controvertidos alpinistas con grandes cimas en sus currículums.

A Bad Summer on K2 es la crónica de la dramática temporada de escalada que se cobró la vida de 13 escaladores (casi un tercio de los que intentaron el ascenso) durante el verano de 1986. Semejante tragedia no tenía precedentes en la historia del alpinismo y ello provocó la controversia sobre si la montaña se había convertido en un parque de atracciones donde cualquiera con recursos económicos podía intentar ascender cualquier cumbre, por muy técnica y peligrosa que ésta fuera. Se han barajado muchas hipótesis para explicar las causas de semejante tragedia: que si la montaña estaba masificada (había más de 150 tiendas en el campo base), que si las autoridades paquistaníes habían dado demasiados permisos de escalada atrayendo así a escaladores inexpertos, que si unas adversas condiciones meteorológicas inauditas y fatales pilló de sorpresa a los que estaban a punto de coronar, que si se tomaron decisiones equivocadas… Probablemente se tratara de un cúmulo de todas estas circunstancias, pero lo que sí se sabe es que nunca se conocerán los motivos con certeza.

Krakauer deja para el final la narración de su escalada, por una ruta nueva, al Devil’s Thumb (el pulgar del diablo), un monte de tan sólo 2767 m sobre el nivel del mar, pero de una gran dificultad técnica por su verticalidad y extremas condiciones climatológicas. Este pico se encuentra entre Alaska y la provincia canadiense de British Columbia. La ascensión de Krakauer está contada como lo que fue: una experiencia personal e íntima, un ejercicio de libertad y de amor a la naturaleza y a la soledad, una experiencia vital necesaria para el autor, que en ese momento contaba con 23 años, hacía un año que había terminado su carrera y no sabía qué hacer con su vida. La odisea dura tres semanas, una ascensión para reconocer la ruta de escalada y un intento definitivo para llegar a la cima que finalmente alcanza tras momentos dramáticos en los que está a punto de caer al vacío.

En fin, un libro sobre las montañas y los montañeros, muy bien escrito, no excesivamente técnico para los que no tengan un buen nivel de inglés (he buscado la versión en español, pero no la he encontrado, así que sólo queda la opción de leerlo en inglés) y que tiene un lugar de peso en mi pequeña biblioteca sobre libros de montaña.

Dificultad lingüística: alta. Krakauer es un reputado escritor y un gran amante del montañismo. Por eso sus artículos sobre este deporte se caracterizan por una mezcla de lenguaje técnico y literario que en ocasiones me ha puesto en aprietos. Sin embargo, es ideal para perfeccionar la jerga montañera y empaparse de una prosa inglesa rica en léxico y en expresiones.

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Publicado el 26 enero, 2011 en Krakauer, Jon, Literatura estadounidense y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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