PELI: «North by Northwest» («Con la muerte en los talones», EE. UU., 1959)

Después de los últimos bodrios que he visto y he ido reseñando aquí me he dicho que ya era hora de ir recuperando un poco mi salud mental visualizando algún clásico. Y qué mejor que hacerlo con el maestro del suspense. North by Northwest, dirigida por Alfred Hitchcock, es una excelente cinta de suspense y acción, y, para muchos, quizá la mejor película del director inglés. Yo nunca hasta ahora había tenido la oportunidad de verla entera, casi siempre sólo escenas aisladas (como la de la persecución de la avioneta por los campos de maíz) y desconocía el argumento, pero he de decir que, aunque por un detalle que no me convence del todo y que explicaré más tarde, me ha gustado mucho.

Roger O. Thonrhill, un ejecutivo de una empresa de publicidad es confundido y raptado por unos espías que están completamente convencidos de que es George Kaplan, un agente de la CIA enemigo. Durante el interrogatorio Roger no tiene la menor idea de lo que está pasando y piensa que se trata de alguna broma muy pesada. Pero como Roger no colabora, el jefe del grupo de espías ordena a uno de sus secuaces que lo mate. Para ello lo emborrachan y lo llevan a una carretera sinuosa a las afueras de la ciudad, lo ponen al volante y encienden el motor. Sin embargo, de algún modo Roger consigue escapar de sus verdugos y de una muerte segura y emprende una huida desesperada. A pesar de los efectos del alcohol consigue conducir sin provocar ningún accidente, sorteando en el último momento los coches que vienen en dirección contraria, encontrando finalmente una patrulla de la policía que lo arresta y lo lleva a comisaría. Allí Roger intenta explicar lo que le ha ocurrido, cuenta la historia del rapto y de cómo lo emborracharon para matarlo y que pareciera un accidente, pero nadie cree su historia. Al día siguiente, durante la vista del juicio, el juez dictamina que dará a Roger la posibilidad de probar su historia y envía para ello a dos detectives a la casa en la Roger estuvo retenido y fue interrogado por el jefe de los espías. Pero cuál es su sorpresa cuando la señora Townsed, esposa de Lester Townsed, el jefe de la cuadrilla de espías, no sólo niega tener conocimiento de la historia de Roger, sino que afirma que éste, con el que muestra tener signos de amistad, estuvo en la fiesta que ofreció su marido la noche anterior, la cual abandonó por voluntad propia completamente borracho. El desconcierto de Roger crece a la par que su indignación, pero los detectives dan por buena esta versión y se marchan. Roger es condenado así a pagar una multa de 2 dólares por conducir bajo los efectos del alcohol (sí, eran otros tiempos).

Al contrario de lo que haríamos el común de los mortales, teniendo en cuenta sobre todo que un par de sicarios profesionales lo han intentado asesinar, Roger se embarca en la tarea de encontrar a George Kaplan para cantarle las cuarenta o, al menos, saber de qué va toda esta conspiración que le ha cogido a él como víctima. Pero no se da cuenta de que así se va a meter en problemas peores. Acompañado de su madre llega a la habitación del hotel donde presumiblemente se encuentra alojado el señor Kaplan y aquí comete el primero de sus errores graves: se hace pasar por el señor Kaplan. Sube a la habitación y, para su sorpresa, el personal del hotel se dirige a él como el señor Kaplan. De repente suena el teléfono de la habitación. Roger lo descuelga y en seguida reconoce la otra voz como la de uno de sus captores. Aceleradamente abandona el hotel y se dirige, como había mencionado anteriormente la señora Townsed, a las Naciones Unidas para encontrar a Lester Townsed, el hombre que lo interrogó y lo mandó asesinar. Al llegar a la sede comente su segundo error garrafal, se hace llamar nuevamente George Kaplan y pide a la mujer de información que le indique dónde puede encontrar al señor Townsed. Cuando lo encuentra se da cuenta de que no es el mismo hombre que lo redujo y lo interrogó. Entonces, cuando Roger le muestra una foto de su captor, el verdadero Lester Townsed cae muerto al suelo: uno de sus captores le ha lanzado un puñal a la espalda. Roger, comente aquí quizá el más grave de todos los errores hasta ahora, coge el puñal con sus manos y, desorientado y horrorizado mira a la turba de gente que, atónita, piensa que él es el asesino.

En este punto es cuando comienza la otra película. Ahora Roger debe huir de sus captores y también de la policía, que lo busca por asesinato. Y por si esto fuera poco se ha hecho pasar por George Kaplan tantas veces que ahora resultará más difícil probar que no es esa persona. Sin embargo, decide aprovechar su desesperada huida para seguir los pasos del verdadero Kaplan, desenmascarar el misterio y poner las cosas en orden, lo que le llevará a vivir uno de las huidas hacia delante que marcarían el inicio de un género en si mismo (me viene a la mente a modo de ejemplo The Fugitive con Harrison Ford).

La cinta dura más de dos horas, pero el espectador no deja de tensar el cuello, algo que siempre se le ha dado muy bien al amigo Hitchcock. Cary Grant está magnífico en el papel de ejecutivo altanero pero pringao en el fondo metido a víctima y a héroe a la fuerza. En realidad en la cinta hay un poco de todo. En el fondo es una historia de espías con una trama complicada basada en una conspiración, tiene escenas de suspense, escenas de acción, persecuciones alocadas, escenas de amor que creo que para la moral de la época debían estar muy avanzadas. No, no me malinterpreten, no hay desnudos ni situaciones explícitas, pero las conversaciones entre Roger e Eve en el tren dejan bien lejos la mojigatería de las pelis de los 50 y tienen más morbo de lo que me esperaba. Y, como he dicho más arriba, estoy convencido de que fue la primera película del género de huidas desesperadas hacia delante. El detalle que mencionaba al inicio de este post y que no me convence, y es la segunda vez que me ocurre con una película de Hitchcock (la primera fue con Strangers in a Train), es el final. Es obvio que no voy a desvelarlo para no reventarlo. Me basta con decir que es un final muy abrupto que, en mi humilde opinión, rompe con el ritmo narrativo de la película sin una justificación que lo sustente. De todas formas, quitando este detalle, recomiendo mucho su visualización. Una de las grandes obras de suspense de la historia del cine, of course.

  • Valoración: 4,5 sobre 5 (por el abrupto final).
  • Dificultad lingüística: alta (sí, con Hitchcock hay que tener unos altos conocimientos de inglés para no perderse muchos detalles de sus pelis).

Aquí un trailer de lo más original:

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Publicado el 10 noviembre, 2010 en Películas, películas estadounidenses y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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