SERIE: «The Walking Dead» (EE. UU., 2010)

Confieso que me gustan las películas de corte apocalíptico-fatalista (aunque no tanto las de zombies) como por ejemplo I am Legend, 28 Days Later, The Road o Children of Men. Son una pequeña debilidad que tengo. Por eso, llevado por mi curiosidad (y por el trailer, todo hay que decirlo) me he decidido a ver el episodio piloto de The Walking Dead, una serie que acaba de arrancar y que cuenta la historia de un agente de policía de Kentucky, Rick Grimes, que, tras ser herido gravemente en un acto de servicio y pasar un tiempo indeterminado en coma, despierta de repente en el hospital (de forma idéntica a 28 días después) para descubrir con espanto que el mundo que conocía ya no existe: las calles están desiertas en un paisaje desolador en el que no hay rastro de civilización, además están plagadas de cadáveres y, lo que es más horroroso, de personas con rasgos desfigurados, ojos rojos y la piel putrefacta que se vagan sin rumbo con el fin de alimentarse de los pocos hombres sanos que quedan: ¡sí, son zombies!

En mi opinión, los primeros minutos, es decir la salida del hospital, me parece lo mejor del episodio; Rick, debilitado y atontado por los días que lleva en coma no cree lo que ven sus ojos (en realidad no se especifica el tiempo que ha estado en coma, pero deducimos que han pasado varias semanas inconsciente por las flores resecas que tiene en la mesita al lado de la cama y por el estado de abandono del mobiliario). Sale de la habitación y ve que los pasillos del hospital están llenos de papeles y objetos tirados por los suelos, como si el personal médico hubiera huido de manera precipitada dejando un caos a sus espaldas. Buscando una salida del hospital, Rick se topa con una puerta de doble hoja sellada con cadenas y un tablón. Al acercarse empieza a escuchar una especie de gruñidos y gemidos guturales, y la puerta empieza a moverse y a ceder entreabriéndose lo suficiente como para dejar salir un par de manos huesudas y pálidas con grandes uñas que se retuercen espantosamente. Sobrecogido, se da media vuelta y se introduce por las escaleras de emergencia, completamente a oscuras. Un fuerte olor desagradable le provoca náuseas, saca una cerilla y la enciende, pero apenas puede dar unos pocos pasos cuando la cerilla se le apaga a la altura de los dedos. El silencio es inquietante. Enciende otra cerilla y así, poco a poco, se va acercando a puerta de salida, la abre y la luz del sol lo ciega durante unos instantes. Se encuentra en la salida que da al aparcamiento trasero del hospital, donde se acumulan decenas de cadáveres en descomposición cubiertos por sábanas blancas. Abandona el hospital y se dirige a su casa en busca de su familia. La ciudad está completamente desierta. Pero a medio camino se topa con una escena dantesca: una mujer con las piernas carcomidas y con la cara descompuesta y cadavérica se arrastra con la ayuda de los brazos en movimientos agónicos y sin rumbo… Hasta que ve a Rick. Entones se dirige hacia él rugiendo y emitiendo sonidos guturales. La imagen es tan horripilante que Rick huye despavorido del lugar con una bicicleta que acaba de encontrar.

Al llegar a su casa, Rick comprueba que no hay nadie, pero que presumiblemente su mujer e hijo están vivos, pues falta ropa y otros objetos personales que le hacen pensar que huyeron para ponerse a salvo. Completamente desesperado sale de la casa y se sienta sobre los escalones de entrada. Entonces ve acercarse a un hombre, lentamente, arrastrando las piernas. No logra verlo con claridad, la luz del sol es todavía muy intensa para sus debilitados ojos. Le hace un gesto para que se acerque y la persona lo ve y se dirige hacia el, pero en ese momento alguien se le acerca por la espalda y lo golpea fuertemente con una pala en la cabeza. Otro hombre sale de repente de un escondite y dispara sobre la cabeza del hombre que se acercaba a Rick: un zombie. Son Morgan y Duane, padre e hijo, supervivientes de ese holocausto infernal. La primera reacción de Morgan es averiguar si Rick es un zombie. Rick les cuenta su historia y Morgan le pone en antecedentes de lo que ha sucedido. Lo único que saben es que de repente algunas personas se convirtieron en zombies (no se dice cómo) y fueron convirtiendo a los demás. Cuando saltó la alarma ya era demasiado tarde y cada uno tuvo que salvar el pellejo como pudo. El mismo Morgan perdió a su mujer, ahora convertida en zombie, lo que le atormenta horriblemente a él y a su hijo. El momento de mayor actividad de los zombies es por las noches (como no podía ser de otra manera) y la mujer de Morgan suele acercarse a la casa donde éste se refugia como guiada por la costumbre de cuando no era zombie. Esta escena en la Rick mira por la mirilla de la puerta cómo la mujer de Morgan se acerca a la casa es bastante espeluznante.

Es importante mencionar que esta serie está basada en el cómic homónimo creado por Robert Kirkman y que a pesar de toda la publicidad que se le ha dado con esos pósters de zombies por aquí y por allá, el eje central de esta historia apocalíptica no gira tanto entorno a los monstruos de carnes colgantes ni a las causas que provocaron la epidemia de muertos vivientes, sino de la interacción de los personajes supervivientes. Imagino que este primer capítulo lo han diseñado lo suficientemente gore y terrorífico como para enganchar a las masas. El resultado es bastante bueno, aunque tampoco me parece soberbio. Una de las cosas que más me gustan de estas pelis catastrofistas es lo fácil que es cuestionarse lo que te están contando. Hay detalles que si uno los considera un poco, no cuadran o no son lo suficientemente creíbles. Por ejemplo: ¿por qué Rick no le pregunta a Morgan en primer lugar qué demonios ha pasado y por qué hay zombies por las calles? Otro detalle: en la escena de los cadáveres pudriéndose al sol en el aparcamiento del hospital vemos a Rick caminando con dificultad y aterrorizado por lo que ve, pero no parece que le afecte mucho el olor de los cuerpos en descomposición, algo que es realmente insoportable (lo sé porque de pequeño un día me encontré en el campo el cadáver de un perro y casi vomito por el intenso olor a podrido). Otro: ¿cómo es posible que Rick se levante perfectamente al día siguiente de encontrar a Morgan y a su hijo, quien le golpea con una pala en la cabeza? ¿Cómo puede uno recomponerse también física y mentalmente tan rápido (al día siguiente) como le ocurre a Rick, que enseguida se arma y se pone en camino para encontrar a su familia? Por muy poli o tipo duro que sea (que no lo es, como vemos en la conversación con su compañero, Shane, dentro del coche patrulla), creo que debería estar más acojonado de lo que sale en pantalla. Pero bueno, son detalles que a muchos podrá no importarles. A mí sí, y son determinantes para subir mi valoración de la serie.

Me podrán tachar de purista. Los que leen este blog saben que a mí me gustan los detalles realistas en la pelis, sobre todo en esos filmes que quieren hacer pasar por verídico una historia fantástica o puramente ficticia. No obstante lo dicho, y siendo éste un género de mi particular apreciación debo decir que he disfrutado de este primer episodio y que, aunque no es para mí prometedor de una serie mítica, entretiene y predispone al espectador a seguir viéndola.

  • Valoración: 4 de 5.
  • Dificultad lingüística: media tirando a alta en ocasiones (en varios de los capítulos de la primera temporada la trama se centra en los diálogos de los personajes en detrimento de la acción, lo que en mi opinión requiere del espectador hispanohablante de unos conocimientos superiores de inglés).

 

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Publicado el 5 noviembre, 2010 en Series, series estadounidenses y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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