PELI: «Predators» (EE. UU., 2010)

Sí, ya lo sé. Últimamente me estoy dejando llevar por filmes de reciente cosecha y, créanme, se hace justicia la premisa de que lo viejos tiempos eran mejores. En este caso vengo con la última peli de la saga de los alienígenas depredadores que tanto impactó allá por finales de los 80 con Predator (Depredador) y con el amigo Arnold, más cuadrado y anabolizado que nunca. Uff, ¿por dónde empezar? Para cambiar, lo haré por el final. Predators no convence. El resultado es un refrito de lo que ya hemos visto en las anteriores entregas, un más de lo mismo y además sin gracia ni espíritu. Pareciera que en este tipo de películas se cumpliera a rajatabla la ecuación de a mayor cuota de efectos especiales menor originalidad y efecto dramático. Como si el eje principal sobre el que giraran todos los esfuerzos del filme fueran las explosiones, los momentos gore y los fogonazos de los disparos.

Esta peli es del tipo que suele anonadar a los quinceañeros que todavía no han tenido tiempo de ver el resto de películas (muchas de ellas mejores que ésta) del género caza al humano (véase Alien, el octavo pasajero, toda una obra maestra). Pero para mí no dice ni aporta nada. Ni siquiera en los efectos especiales, que es, en principio, su único punto fuerte. Esta cinta daría para mucho más. No dejo de pensar en que la selva podría haber sido un personaje al que se le podría haber explotado ese componente de misterio, tensión y horror que el espectador se pasa buscando las casi dos horas que dura el filme. Pero nada de eso ocurre porque prácticamente todas las situaciones que se nos ofrecen son momentos trillados en otras tantas películas anteriores. Lo único novedoso que se le podría atribuir es la aparición de dos tipos de depredadores, el que ya conocemos por las anteriores entregas y uno nuevo más letal aún que aprende y mejora sus habilidades sádicas con cada experiencia de caza. Pero aún con todo, ni siquiera esta premisa es desarrollada lo suficiente como para atraer la atención. Todo empieza y termina en esa revelación hecha por Noland (Laurence Fishburne) y en un par de escenas en donde apreciamos las diferencias estéticas de ambos monstruos. Por ser repetitiva con respecto a sus predecesoras lo es incluso en el atrezzo:

¿Entretiene? Puede. Pero eso también depende del número de pelis del género caza al hombre haya visto el espectador previamente. A mí me ha dejado una sensación vacía, por momentos de aburrimiento total llegando incluso a perder todo el interés. Es que por las caras de los actores (¿qué le pasa a Adrien Brody que pone a veces jeta de no creérselo ni él?) uno ya sabe quién va a caer y quién no. Y por el trabajo de dirección uno ya sabe cuándo va haber acción y cuando no. La interpretación es bastante mediocre incluso en los actores principales, pero entiendo que el guión no da tampoco para ningún lucimiento. Es que los personajes ni siquiera transmiten el miedo que deben sentir en semejante situación crítica. Vale que son todos asesinos o militares experimentados en mil batallas, pero el primer encuentro con los seres de ese lugar selvático les debería de haber dejado, creo yo, mucho más acojonados. Vean sino a Veronica Cartwright en Alien para entender lo que quiero decir cuando me refiero a estar acojonado y transmitírselo al espectador:

Esta escena de Alien es un enorme ejemplo de cómo un actor secundario te puede poner los pelos como escarpias. En fin (atención, a partir de ahora vienen spoilers), Predators nos cuenta la historia de un puñado de tipos duros que de forma misteriosa caen (literalmente) del cielo sobre una selva. No se conocen entre ellos, pero hay uno, Royce (Adrien Brody) que parece saber la procedencia de los demás con sólo verles la jeta. El grupo lo conforma Mombasa, un militar del escuadrón de la muerte de Sierra Leona; Isabelle, una francotiradora que conoce todas las selvas del mundo; nuestro héroe cachitas Royce, ex agente de la CIA metido a mercenario; Stans, un asesino psicópata que se encuentra entre los tipos más peligrosos para el FBI y que tiene un aspecto sospechosamente similar a T-Bag de Prison Break.

T-Bag de «Prison Break»

T-Bag de «Prison Break»

Stans

Stans

Siguiendo con la lista, el siguiente es Nikolai (agradecemos que no se llamara Iván), un Spetsnaz, o sea, un soldado de las fuerzas especiales rusas; Cuchillo (Danny Trejo), del cártel mafioso de Los Zeta; Hanzo, un miembro de la Yakuza y, para terminar, Edwin, un doctor sádico con bastante pinta de nazi, todo hay que decirlo. Unas bellezas de personas, vamos.

Así que tenemos a este grupito bastante desorientado que al principio no se fían ni de su propia madre, pero que sin decir esta boca es mía se ponen inmediatamente a seguir las órdenes de Royce. Es decir, tenemos mafiosos, asesinos y militares que sin cuestionarse nada se ponen todos en fila para seguir a un ex agente de la CIA. Bueno, vale, nos lo creemos. Digamos que es un aspecto secundario. Comienzan a caminar sin rumbo por la selva sin preocuparse por supuesto de lo más tonto: ¿de qué van a comer? ¿Dónde van a pasar la noche? ¿Se pueden fiar los unos de los otros? Bueno, eso también es irrelevante y nos lo creemos también. En esto, Royce descubre una especie de jaula unida a un paracaídas y lo primero que hace es ordenarle a japo que se acerque y averigüe qué hay dentro. ¡Y el japo obedece! En el interior hay una masa informe de carne en descomposición. ¿Tensión? Pues no. Simplemente eso. ¿Qué es esa carne? No es de ser humano, dice Mombasa. No lo sabemos. Bah, no importa, sigamos. En esto, Stans mira hacia el cielo y ve colgado de los árboles numerosas jaulas. ¿Acojona? Pues no. Continúan la marcha por la selva hasta que Mombasa se tropieza con una rama y activa toda una serie de trampas de caza que incluyen el típico tronco oscilante, las púas que caen de ramas altas de los árboles, la red de pinchos plegable y el agujero de astas puntiagudas. Resulta que esas trampas han sido colocadas por un militar yanqui, que yace frito en el suelo, en su tentativa por cazar… algo más grande que nosotros, dice Royce con voz de camionero. Siguen caminando por la selva sin rumbo ninguno (algo que, como todos sabemos, recomiendan los manuales de superviviencia) cuando oyen ruidos sospechosos y se preparan para un ataque de un enemigo invisible y completamente desconocido. Pero cómo estará contado que ni me inmuto lo más mínimo. La tensión es pobre, por no decir casi inexistente, pues en seguida sabemos lo que está pasando.

Lo que viene a continuación ya lo hemos visto en la primera entrega con Arnold Schwarzenegger. Previsibilidad, falta de originalidad y tensión dramática, actuaciones cutres, protagonista poco o nada convincente y de miedo nada de nada.

  • Valoración: 1,5 sobre 5 (por las bonitas imágenes de naturaleza).
  • Dificultad lingüística: media (ni hay conversaciones profundas ni frecuentes, es más, el diálogo es bastante previsible).

 


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Publicado el 27 octubre, 2010 en Películas, películas estadounidenses y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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