LIBRO: «Touching the Void» («Tocando el vacío»), Joe Simpson

Hace no mucho tiempo me di cuenta de que una de las cosas que más me gusta hacer en la vida es hacer senderismo, y prácticamente al mismo tiempo empecé también a desarrollar una rara fascinación por el montañismo. Digo rara porque sufro de vértigo severo y es obvio que el vértigo no se lleva bien con escalar montañas. Sin embargo, encuentro tremendamente interesante la escalada a los grandes picos y, sobre todo, las historias de alpinismo. Esta afición mía tardía por el mundo de la montaña es aún más rara cuanto por el momento no he tenido ocasión de realizar ninguna salida seria al campo. Sólo cuento con pocas y muy espaciadas experiencias a la intemperie, si bien la que más me marcó fue las tres etapas (de Pamplona a Logroño) del Camino de Santiago que hice hace más de ocho años.

Por motivos que no vienen al caso, actualmente no puedo practicar esta afición por el senderismo, así que un buen día me dediqué a buscar documentales y películas sobre alpinistas. Para mi sorpresa descubrí que no había mucho donde elegir, sobre todo en lo que respecta a películas del género, y la mayoría de las pocas que se han rodado son un auténtico chiste donde «Vertical Limit» («Límite vertical») se lleva el premio gordo al despropósito y a la desvergüenza. Así que me dije a mí mismo que lo ideal era empezar a ver documentales y tirar de Wikipedia en el caso de que fuera necesario despejar las dudas que me iban surgiendo respecto a la historia de este mal llamado deporte (yo diría más bien que es una forma de vida, una filosofía existencial, siempre y cuando dejemos fuera a aquellos y a aquellas que, cual corredores de los 100 m lisos, escalan montañas para endosarse no sé yo qué tipo de medallas).

El Siula Grande, Andes peruanos

El Siula Grande, Andes peruanos

A día de hoy he visto muchos documentales sobre montañismo y montañeros y aunque he terminado de entender ese amor irracional por la aventura y el riesgo no dejo de reflexionar sobre la alta dosis de egoísmo que entraña esta actividad. Es necesario disponer de una fuerza especial para decidir anteponer por sobre otras prioridades o valores, los riesgos que entraña el escalar montañas. Para un montañero, llegar a la cumbre es algo tan fuerte como la atracción de un imán. Y el afán de superación un aliciente irrenunciable. Comprendo que el subidón de adrenalina que se debe sentir durante y al final de la escalada es algo tan adictivo como una droga. El llegar a una cima difícil es también un acontecimiento que tiene mucho de íntimo y que sólo cada escalador puede entender en su totalidad. Cuando antes de emprender su última expedición al Himalaya y, ante la estupefacción de la opinión pública, le preguntaron a George Mallory cuál el era el motivo real por el que quería escalar el Everest, éste contestó con un liso y llano «porque está ahí». Creo que esta frase, independientemente de si fue fabricada o no para aumentar la sensación de mito entorno al escalador inglés, resume perfectamente la filosofía del montañero. Aquellos que son capaces de desentrañar su trasfondo y todo su significado, son capaces de entender ese ímpetu irracional que guía a los montañeros hasta lo más alto de las montañas.

Buscando, digo, fue como di con la espeluznante historia de Joe Simpson.

Joe Simpson y Simon Yates son dos jóvenes pero expertos alpinistas que en 1985 viajan a los Andes peruanos para escalar por primera vez la cara oeste del Siula Grande, una montaña de 6.344 m. Llegan a la cumbre con relativa facilidad, no sin sus momentos de extremo riesgo, pero la cosa cambia radicalmente cuando emprenden el descenso. Una serie de sucesos desafortunados convierte éste en una odisea, en un auténtico infierno. Joe, que va descendiendo en primer lugar, resbala de la pared de hielo por la que va bajando ayudándose con los piolets y los crampones. Parece ser que la placa de hielo dejó de aguantar de repente el peso del escalador y cayó al vacío. La fortuna hace que Joe caiga sólo varios metros más abajo; la mala suerte, que en el golpe se rompa la tibia cerca de la rodilla. Joe es consciente de que está acabado, de que no hay nada que hacer, es imposible, con una pierna rota, terminar el descenso hasta el campo base que se encuentra a casi 1.000 m más abajo. Cuando Simon llega hasta donde se encuentra Joe es también consciente de que la situación no tiene remedio y por si esto fuera poco, se dan cuenta de que han empleado demasiado tiempo en descender una parte ínfima de la montaña, las condiciones atmosféricas están empeorando con vientos muy fuertes y la temperatura está bajando en picado. Para más inri se dan cuenta de que han consumido casi todo el gas durante el ascenso, un error que por sí sólo ya es mortal. El gas es necesario para efectuar una de las operaciones más básicas y necesarias en la montaña, la de derretir hielo para beber e hidratarse. En altura, la ausencia de oxígeno castiga al cuerpo de forma muy severa y una de las consecuencias es una rápida deshidratación.

Joe Simpson

Joe Simpson

Simon decide, a pesar de todo, ayudar a Joe. Para ello une dos cuerdas de 50 m y se ata él a un extremo y Joe a otro. La finalidad de este sistema es ir dejando resbalar a Joe hasta llegar al nudo que une ambas cuerdas. Encontes Joe debe alzarse sobre la pierna buena y aflojar la tensión de la cuerda para que Simon pueda deshacer el nudo, pasar la otra cuerda por su mosquetón de cintura, volver a hacer el nudo y proseguir con el descenso. Así dicho parece algo fácil, pero la inclinación de la pendiente es demasiado pronunciada y el proceso entraña un riesgo muy grande de que los dos montañeros resbalen y caigan al vacío. No obstante, el sistema parece funcionar, poco a poco van descendiendo y no parece haber ninguna complicación salvo el hecho de que está oscureciendo, una tormenta los acaba de engullir por completo, la temperatura es cada vez más baja y el viento los ciega y quema cualquier parte de piel expuesta. Pero lo que ninguno es capaz de anticipar es que entrada la noche, el descenso, ya de por sí descabellado, se convierte en una ruleta rusa. En la oscuridad es imposible para ambos ver hacia dónde se están moviendo y de repente algo fatal ocurre: Joe llega al borde de un risco y en el ímpetu de Simon por descender lo más rápidamente posible hace que éste termine descolgándose. Simon nota un fuerte tirón en la cuerda pero en un primer lugar no se le ocurre pensar lo que realmente le ha ocurrido a Joe. Simon piensa que el nudo que une ambas cuerdas ha llegado hasta el mosquetón de Joe y espera a que éste afloje la tensión de la cuerda para realizar por enésima vez la operación de desatar el nudo, pasar la cuerda y hacer el nudo por el otro lado. Pero Joe no afloja la tensión de la cuerda. Simon no entiende lo que ocurre. Detenerse es morir de hipotermia. El tiempo pasa y la cuerda sigue tensa ejerciendo gran fuerza sobre la cintura de Simon, amenazando con arrastrarlo descontroladamente hacia abajo. Joe, mientras tanto, está colgado a merced del viento y la nieve. La desolación es tal que grita pidiendo ayuda a su compañero. Pero Simon, varios metros más arriba, es incapaz de oír nada debido al estruendo de los fuertes vientos. El tiempo pasa y eso sólo puede significar que todo está perdido. Simon sólo puede intuir que algo fatal le ha ocurrido a Joe y que si no empieza a pensar en cortar esa cuerda, él también estará condenado. Así pues, Simon saca una navaja de su bolsillo, acerca la hoja a la cuerda y la corta.

Simon siente el alivio en la espalda por el peso que ha dejado de comprimirle la cintura. Inmediatamente, en medio de la oscuridad, comienza a cavar un hoyo en la nieve en el que refugiarse de la tormenta. Tiene varios dedos de las manos congelados, enciende el frontal y comprueba que varios de ellos han adoptado un color pardo oscuro en las puntas. Tiene una sed terrible y se siente tremendamente exhausto, pues lleva prácticamente un día entero a más de 5.000 m y escalando sin pausa. Aunque ese cansancio no impide que le embargue una terrible sensación de vacío por la suerte de su compañero.

Si hasta ahora todo han sido un cúmulo de infortunios, para Joe la odisea no ha hecho más que empezar. Ha caído, con su pierna rota, más de

30 m desde el borde del precipicio colándose por una grieta de hielo que había en el fondo.

Simon Yates

Simon Yates

Pero milagrosamente recupera el conocimiento. Pocas veces alguien se ha debido sentir tan horrorizado de estar con vida. La caída era mortal de necesidad, pero él está vivo, afortunadamente ha caído sobre un saliente de la grieta, que se extiende en un abismo que pareciera no tener fondo. Joe intenta calmarse, lo logra a veces, otras rompe a llorar cuando le embarga el pensamiento de la horrible muerte que le espera. Pero finalmente toma la decisión de luchar con todas sus fuerzas para salir de ahí e idea un sistema muy práctico e inteligente. Comienza a ponerse objetivos accesibles y plazos de tiempo viables para conseguirlo. No me pregunten cómo (para eso recomiendo que se lean el libro), pero Joe consigue salir de la grieta con su pierna rota que cruje con cada movimiento brusco que hace al arrastrarse. Al llegar a la superficie siente una alegría difícil de explicar, pero enseguida se da cuenta de que esa gran proeza no garantiza su supervivencia, se encuentra demasiado lejos del campo base, tiene una pierna rota, hace muchas horas que no bebe ni come y, por si esto fuera poco, tiene ante sí un impedimento final que pareciera haber sido puesto ahí para hundirle definitivamente: la morrena del glaciar, un terreno muy peligroso por sus grietas incluso para aquellos que lo cruzan en condiciones normales.

Pero Joe no se da por vencido. Empleando su táctica de imponerse objetivos del tipo «llegar hasta aquella roca en 20 minutos» comienza a atravesar la peligrosa morrena. Cada paso le produce terribles dolores en la pierna rota. Esto le obliga a prácticamente desplazarse arrastrándose y el problema de avanzar tan a ras de suelo muchas veces de hace perder el sentido de la orientación. Con el rollo de espuma para el saco de dormir inmoviliza la pierna rota y con ayuda de un piolet avanza lentamente. El colmo de los colmos es la tremenda sed que siente y la desesperación que le provoca saber que entre las rocas por las que se mueve penosamente están los torrentes de agua propios del glaciar. Además puede oír el agua correr muy cerca. Esto bastaría para enloquecer a cualquiera. Pero Joe persiste, come algo de nieve, va marcándose objetivo tras objetivo avanzando hacia donde él cree que está el campo base.

La deshidratación y el cansancio comienza a deteriorar gravemente sus capacidades mentales y poco a poco se va sumiendo en un estado de semiinconsciencia similar a estar soñando. Pasa la noche refugiado entre unas rocas. Es el sol de la mañana el que lo despierta al calentarle la cara, vuelve en sí y recuerda que todavía tiene mucho trabajo por hacer. La marcha es aún más penosa que el día anterior, aunque por suerte (o no) la pierna ha dejado de dolerle. Intenta mantenerse despierto y no pararse demasiado tiempo para descansar porque sabe que eso sería su fin. De repente se da cuenta de que ha dejado atrás la zona nevada y que ahora se encuentra en la parte rocosa. Recuerda que por ahí había pasado con Simon días atrás cuando se dirigían a escalar el Siula Grande. Se acerca la noche y los momentos de lucidez de hacen cada vez más escasos. Es como una vela que se está apagando, que está llegando a su final. De repente se horroriza al pensar que en el caso de lograr llegar al campamento base, Simon ya no esté allí. Esto lo descorazona de tal forma que de haber tenido fuerzas habría llorado como un niño. Pero está tan deshidratado y exhausto que no tiene ni lágrimas para derramar. Abre los ojos y se da cuenta de que el cielo nocturno está lleno de estrellas, le viene a la mente una canción que detesta, pero no puede dejar de escucharla, odia esa melodía, ¿por qué no se va? ¿Por qué no simplemente parar para descansar? La pierna ya hace tiempo que no duele, aunque la siente pesada, la sed ha dejado de arder en la boca, el hambre es lo último en lo que ha de preocuparse. En esto, un fuerte olor a heces lo saca del delirio y tras pensar un poco llega a la inquietante conclusión de que ese debe ser la zona que Simon y él utilizaban en el campo base a modo de retrete. Se da media vuelta, pues va arrastrándose boca arriba, alza un poco la cabeza y ve algo que ahora sí le hace surgir lágrimas en sus ojos resecos: ¡es la tienda de campaña del campo base!

Esta tremenda historia está considerada por la mayoría de los montañeros como una de las más espectaculares. A pesar de ello, no estuvo exenta de polémica. Simon Yates fue fuertemente criticado por algunos periodistas y colegas montañeros por haber cortado la cuerda, pero esta perspectiva ha sido siempre minoritaria frente a aquellos que defienden que Simon hizo lo correcto. De hecho, hizo más de lo que en una situación así dictaría la lógica: intentó salvar a su amigo. Además, Joe siempre ha defendido la decisión de Simon afirmando que de haber estado en su lugar, habría hecho lo mismo que él.

Por otro lado, no quiero acabar sin mencionar que «Touching the Void» está realmente bien escrito. De hecho, ha sido galardonado con el premio Boardman Tasker y el prestigioso NCR Book Award (ahora reemplazado por el Samuel Johnson Prize) que premia en Inglaterra a los mejores libros de no ficción. Yo he leído el libro en inglés y me ha parecido algo difícil de entender en algunos pasajes porque emplea muchos tecnicismos de montaña, pero esto no ha impedido que en general lo haya disfrutado mucho y lo recomiende a todo el mundo.

Para terminar, sólo añadir que en 2003, el realizador Kevin McDonald rodó la película homónima que relata esta espectacular historia de supervivencia con unos resultados más que brillantes. De hecho, está considerada una de las mejores películas del género de montaña.

Dificultad lingüística: alta tirando a muy alta. Sobre todo por la jerga típica de montañeros y los verbos descriptivos de movimiento, por ejemplo: Simon descended a gully between two flutings. I followed slowly, trying to keep distance between us by moving only when the ropes moved. I descended into a uniform whiteness, snow and cloud merging into one. After a while I decided that we must have reached a point where we could now traverse horizontally across to the easier ground, but Simon carried on down. No obstante, no todo el libro está lleno de vocablos técnicos sobre nudos, cordadas y descripciones geográficas. Creo que con un nivel medio, un buen diccionario y paciencia merece la pena intentar leerlo en versión original.

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Publicado el 21 octubre, 2010 en Simpson, Joe y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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