PELI: «El rey de la montaña» (España, 2007)

Cuando vi el trailer de «El rey de la montaña» me dije: «¡Wow!, esta peli no hay que perdérsela, un psicothriller de acción made in Spain rodado en exteriores; la historia trepidante de un tipo que se pierde por unas carreteras de montaña y de repente alguien intenta matarlo con un rifle telescópico y tiene que huir para salvar el pellejo». La verdad es que la premisa, o sea el trailer, pintaba estupendamente. Pero, ¡hay amigos!, cuán larga distancia va de un bonito y estudiado trailer a la película como tal.

Según mi humilde opinión, la intensidad de la película no es progresiva, lo que sería esperable de un thriller de acción. Desde el momento en el que Quim (Sbaraglia) es tiroteado y descubrimos con estupor que ahí fuera hay algún loco que intenta matarlo sin ningún motivo y comienza la huida hacia ninguna parte, la tensión generada no sigue una senda in crescendo, sino que avanza a trompicones y termina… mal. Los diálogos son en ocasiones bastante infantiles e insulsos, incluso cuando Quim se encuentra con la sensual Bea (María Valverde) con la que curiosamente (qué mundo tan pequeño, oyes) había tenido sexo en los servicios de una gasolinera varios kilómetros atrás. La idea es conseguir una atmósfera asfixiante y de angustia total, y Gonzalo López-Gallego la consigue, pero ésta en sí misma no basta para que el espectador se crea todo lo que ve. Las expectativas que se crean son muy altas y a la vez flaquean por la poca química que hay entre Quim y Bea, la pobreza de algunos diálogos y sobre todo, sobre todo, por el final. No voy a decir cómo acaba la película para que el que quiera la vea y saque tranquilamente sus propias conclusiones, pero lo que, insisto, en mi humilde opinión, destroza la película es la forma de contar el final. Y vuelvo a insistir: la forma. Entiendo y respeto que el director y Javier Gullón, el guionista, hayan decidido contarnos la historia que vemos en esos 90 minutos. Pero la forma de contarnos el desenlace es lo que termina por enterrarla completamente. Hacía mucho tiempo que no veía un final tan rocambolesco, infantil y con tan poco tacto. Bueno, no, ahora de repente me estoy acordando del final de «Caótica Ana» de Julio Médem, que creo que está más o menos a su altura.

No obstante lo dicho, véanla, disfruten de la fotografía, de los bonitos paisajes burgaleses y sorianos donde se rodó y del más que solvente trabajo interpretativo de Leonardo Sbaraglia.

Valoración: dolorosamente 2,5 sobre 5.

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Publicado el 11 octubre, 2010 en Películas, películas españolas y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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