LIBRO: «El hueco», Germán Castro Caycedo

Este es quizá uno de los libros más estremecedores que he leído nunca. «El hueco» del escritor y periodista colombiano Germán Castro Caycedo cuenta el drama de los inmigrantes ilegales que intentan pasar a los EE.UU; y lo hace desde dos puntos de vista: el de aquellos que en su desesperación ven en el país anglosajón el final de sus miserias y que están convencidos de encontrar allí una mejor vida y el de los que se encuentran detrás las organizaciones que se encargan de la logística de esos viajes y que se aprovechan de esta necesidad humana para hacer negocio.

Es un libro con testimonios espeluznantes, en gran parte contado en tercera persona, es decir, por el propio autor, no como en otros libros de Caycedo, donde se éste se limita a transcribir las palabras de los entrevistados y que a mí personalmente no me termina de agradar. En «El hueco» quien narra (y reflexiona a veces) es el propio Caycedo, que viajó hasta Nueva York para conocer de primera mano las historias de compatriotas que arriesgaron todo y que lo dejaron todo por llegar a una especie de paraíso que son los EE.UU.

Yo conozco el problema de la inmigración desde hace relativamente poco tiempo si lo comparo con la trágica evidencia de que ya desde los años sesenta muchas personas de países en vías de desarrollo llevan intentando entran a los países de primer mundo para asegurarse la vida digna que sus países de origen les niega. Soy español y España ha empezado a acoger inmigrantes desde hace, como quien dice, cuatro días si lo comparamos con otros países europeos y no europeos. Aunque también he de añadir que, si bien el fenómeno de la inmigración es nuevo en España y por lo tanto también para mí como ciudadano de ese país, es cierto que a los 18 años me fui a trabajar y a vivir a un país extranjero (Alemania) y puedo afirmar que estoy algo familiarizado con lo que es ser inmigrante. Sin embargo, tras leer «El hueco» no he podido más que estremecerme. Por varios motivos. Porque lo que la mayoría de europeos conocemos como inmigración hasta hace unos pocos años no se acerca ni mínimamente a lo que es en realidad el flujo migratorio de países pobres hacia países ricos. Es decir, la idea del inmigrante que solía tener yo (hago hincapié en mi experiencia personal) era, por ejemplo, la de la España de los años sesenta, cuando se produjo uno de los grandes flujos de inmigrantes españoles hacia países del centro de Europa como Alemania, Francia y Suiza. España no era entonces un país pobre ni en vías de desarrollo; se podría afirmar que era (y es) un país de segunda división, y que aunque resultara muy doloroso para aquellos que se marcharon a Alemania a trabajar en las grandes fábricas desempeñando tareas muchas veces desagradables o peligrosas, muchos de ellos volvieron a casa al cabo de los años y, esto es lo que me interesa, ninguno de ellos tuvo que cruzar un río a nado en mitad de la noche, ni atravesar un desierto ardiente con lo puesto y corriendo sin parar, ni esconderse tras una esquina para sortear una patrulla de la policía.

Las historias de «El hueco» son historias de hombres y mujeres que ponen ponen en juego su vida y la de sus seres queridos y que hipotecan todo su patrimonio, como quien se la juega todo a una carta, para vencer la miseria. Porque el viaje hay que pagarlo y a menudo cuesta los ahorros de toda una vida de trabajo con salarios de hambre (como dice Eduardo Galeano) que entregan al patrón que organiza el viaje, habitualmente alguien que no duda en abortarlo o en desaparecer cuando las cosas se ponen feas. Así que tú le das todo tu dinero a alguien para que te cruce la frontera con EE.UU. y ahora ponte a rezar (los que crean) para que el patrón no te delate o te venda a una banda de criminales o te abandone, no te pongas enfermo a la mitad de la travesía, no pierdas a tus seres queridos que te acompañan ni el poco dinero que llevas en los bolsillos, en definitiva, que todo salga bien. Pero una vez pasada la frontera, empapado porque has tenido que cruzar a nado un río que parecía no tener final, todas las pocas pertenencias que llevas en una bolsa mojadas y sucias te das cuenta de que el viaje acaba realmente de empezar. Te das cuenta de que evitar a las autoridades fronterizas y policiales es sólo una pequeña parte del camino. Te das cuenta de que aunque las posibilidades de tener una vida digna en ese país extranjero cuyo idioma no entiendes ni hablas no están tan al alcance de la mano. Que a partir de ahora tendrás que vivir medio escondido, aceptando trabajos muy cercanos a la esclavitud por un salario irrisorio y que será mejor no ponerse enfermo, pues no hay médico que vaya a atender a un ilegal que no tiene con qué pagar la consulta.

«El hueco» es, por ahora, el libro de Caycedo que más me ha impactado y gustado. Creo que es un libro de lectura necesaria para comprender el infierno por el que pasan los inmigrantes para alcanzar un sueño que muchas veces es sólo eso, una bruma fina que se despeja en cualquier momento. Sólo tengo que hacerle un reproche, y es algo más técnico que otra cosa: he leído cuatro o cinco libros de Caycedo, la mayoría publicados por la editorial Planeta, y todos presentan numerosos errores tipográficos y ortográficos (falta de tildes, minúsculas después de punto, etc.), márgenes muy estrechos y división de párrafos muy amplia. Es la única pega que le hago y probablemente de esto Caycedo no tenga nada de culpa. De todas formas, lo dicho, lean este libro para entender mejor el problema de la inmigración en el mundo. Si cierran la última página con un nudo en el estómago será porque habrán entendido un poco mejor este drama humano.

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Publicado el 7 octubre, 2010 en Castro Caycedo, Germán, Literatura colombiana y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. el libro es interesante en el sentido que habla de la realidad

  2. Es cierto, lo más espeluznante de todo es que es la pura realidad y que ocurre todos los días. Un saludo, Andrés.

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