PELI: «Aguirre, der Zorn Gottes» («Aguirre, la cólera de Dios», Alemania 1972)

He necesitado dos intentos para ver esta enorme película por completo, pero creo que ha merecido la pena encontrar el momento adecuado para ello. He quedado hipnotizado por la belleza de las imágenes que la cámara de Werner Herzog recoge a lo largo de la hora y media que dura esta magnífica y emocionante cinta, sin duda uno de los grandes clásicos del cine alemán y a la vez de la historia del séptimo arte.

La realización es esplendida (¿lo he dicho ya?), prácticamente cada encuadre es una foto maravillosa de la inmensa y aterradora selva amazónica. Está rodada con un detallismo magistral que nos hace sudar con la asfixiante humedad y calor del trópico (y esos soldados españoles que no se quitan la armadura ni los petos de cuero por miedo a las picaduras de mosquitos o serpientes), espantarnos con la travesía a través de los mortales rápidos de un río enloquecido (¡con el cámara, el equipo de rodaje, los actores y los caballos sobre la balsa!), que nos inocula poco a poco la desesperación que roza la locura a medida que esos pobres soldados, condenados por la insensatez de un solo hombre, el terrible Lope de Aguirre (Kaus Kinski), descienden el curso del río Marañón (según la Wikipedia, el Amazonas según IMDB) en busca de El Dorado, un reino, una ciudad, nadie sabe, una tierra en la que abunda el oro y otras riquezas.

Nos situamos en 1560, cuando Gonzalo Pizarro encabeza una expedición en busca de El Dorado y en la que lleva unos 300 soldados, varias decenas de indios, sirvientes y una logística absurda para internarse en la selva: cañones, caballos y todo tipo de aparejos y equipaje pesado que hace de la travesía un infierno. Al llegar a la orilla del río (Marañón/Amazonas) se da cuenta de que le es imposible cruzarlo con toda su gente, así que decide enviar un pequeño grupo a modo de avanzadilla para averiguar si es posible el avance.

Entre los 40 hombres que forman el grupo se encuentra Gaspar de Carvajal, monje dominico que recogió el único testimonio de los eventos que ocurrieron, el jefe de la expedición Pedro de Ursúa, su amante Inés de Atienza, Lope de Aguirre y su hija. Emprenden el descenso del río en tres balsas rudimentarias en las que apenas logran meter un cañón y varios caballos. El avance río abajo se convierte en seguida en un descenso a un peligroso abismo del que no hay regreso posible. Pronto Aguirre se hace con el mando de la pequeña expedición y exhorta a todos a continuar río abajo. En ciertos momentos son atacados por los indios, un enemigo invisible que lanza flechas envenenadas desde las orillas espesas de vegetación y diezma a los soldados. La moral de todos se desploma, pero la insana perseverancia de Aguirre les conmina a proseguir por ese camino hacia el infierno.

Hay una anécdota famosa sobre esta película y de la que me gustaría dejar constancia aquí. Se dice que el trato con Klaus Kinski durante el rodaje fue tan complicado y violento que el director Werner Herzog rodó gran parte de la película apuntándolo con una escopeta y amenazándolo con dispararlo y después dispararse a sí mismo si no le obedecía o si se negaba a continuar el rodaje. Herzog nunca ha afirmado tal historia como real, pero sabiendo cómo se las gastaba el amigo Kinski cuando se cabreaba, es una historia más que verosímil. Este es un vídeo en el que Werner Herzog cuenta algunos momentos difíciles del rodaje de Aguirre, der Zorn Gottes:

De todo lo que cuenta en este vídeo resaltaría:

Creo que este tipo de películas no se pueden medir en términos económicos. Se mide en noches de insomnio y en estrés y humillaciones…

Y es que la relación personal entre Herzog y Kisnki casi se puede decir que fue de las más tormentosas de la historia del cine. Ambos trabajaron juntos a lo largo de 15 años en diversas películas y siempre el temperamento de Kinski puso en peligro tanto el rodaje como la integridad física y psicológica de todos los involucrados (ataque de ira durante el rodaje de Fitzcarraldo*, 10 años más tarde que Aguirre, der Zorn Gottes):

Por eso Herzog sabía que un pirado como él era el actor perfecto para el papel de Lope de Aguirre. Busquen el momento para ver esta impactante película, pero no la dejen pasar. Es de esas cintas en las que un primer visionado no basta para entender, absorber o asimilar todo lo que contiene.

* Por cierto, durante el rodaje de Fitzcarraldo, los indios, hartos de los exabruptos de Kinski, se ofrecieron a Herzog para mandarlo a criar malvas. Herzog les respondió que no, que lo necesitaba al menos para terminar la película (si es que los hay masoquistas).

  • Valoración: 5 sobre 5.
  • Dificultad lingüística: alta (lenguaje profundo y en ocasiones pseudofilosófico, sobre todo el de la voz en off).

 

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Publicado el 23 septiembre, 2010 en Películas, películas alemanas y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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