LIBRO: «Revolutionary Road», Richard Yates

Siguiendo la tendencia de hablar de operas primas de grandes escritores aquí les traigo Revolutionary Road, primera novela del aclamado escritor norteamericano Richard Yates.

Sí, confieso que conocí la novela y al autor a través de la película homónima dirigida por Sam Mendes e interpretada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. La película me impresionó tanto (y eso que nunca me habían convencido el DiCaprio ni la Winslet como actores) que decidí leer la novela, operación que suele ser mejor realizar en sentido contrario. En este caso fue todo un acierto ver la película primero y luego leer el libro. Recordando la película, es más fácil entender los pasajes más complicados del libro, algo que de otro modo a mí me habría sido imposible. Yates escribe de forma fluida pero con gran riqueza léxica y sus líneas se leen sin mucha dificultad. De modo que con un nivel intermedio de inglés el lector podrá aprovechar bastante bien su lectura.

¡Pero qué gran novela! Pocas veces se combinan con tanta exquisitez una prosa ágil, precisa y afinada como las cuerdas de un violín Stradivarious con diálogos dinámicos y verosímiles que en muchas ocasiones llevan el rumbo narrativo. Yates demuestra una gran habilidad en llegar hasta lo más profundo de los aspectos psicológicos de unos personajes complejos y perfectamente delineados.

Frank y April Wheeler son un matrimonio joven con dos hijos pequeños que vive en los suburbios de Connecticut. Aparentemente llevan una vida feliz, sin sobresaltos ni necesidades, perfecta a los ojos de los demás. Pero nada más lejos de la realidad. Frank trabaja como administrativo en una empresa de Nueva York, la misma empresa en la que su padre pasó gran parte de su vida y a la que accedió gracias a la influencia de éste, detalle que los jefes no paran de recordarle. Obviamente Frank odia su trabajo, odia a sus estúpidos compañeros de oficina y odia tener que desplazarse todos los días de Connecticut a Nueva York en un tren atestado de gente. Pero la llegada al hogar no supone un alivio, pues los siete años de matrimonio con April parecen haber agotado todo tipo de pasión, de cariño y de respeto. April proviene de una familia rota y es el personaje más complejo (cuando ella es joven su padre se suicida y su madre, alcohólica, muere en un centro de rehabilitación). Consciente de su incapacidad de ser una buena actriz de teatro, su gran aspiración en la vida y al estar relegada a ama de casa y al cuidado de los hijos siente una gran desesperación interior. De esta ansiedad, un buen día, le propone a Frank la idea de dejarlo todo y marcharse a París, donde ella trabajaría y él se dedicaría a buscar la vocación de su vida.

La relación entre Frank y April es tormentosa y emocionalmente inestable y cambiante. La frustración de ambos los lleva a renegar de los principios más básicos de la convivencia. Su incapacidad de ser sinceros consigo mismos sólo les produce más infelicidad. Yo siempre digo que cuando algo no funciona, lo primero que hay que hacer es hablar para encontrar esa pieza que está defectuosa y posteriormente intentar arreglarla. Pero lo que hacen los Wheeler es precisamente cubrir el roto con un descosido, planeando un cambio en sus vidas con ese viaje a París que sólo haría que cambien realmente de punto geográfico y nada más. Ambos tienen en común el que prefieren continuar con la pantomima de su matrimonio, aún sabiendo que nada les une, porque la imagen de pareja perfecta que ofrecen al resto es algo que, al menos, merece la pena. ¡Qué buena la escena en la que los Wheeler invitan su casa a los Givings y a su hijo John! Los Givings piensan que una visita a los Wheeler, la pareja modelo, le haría bien a su hijo, que reside en un centro psiquiátrico. Pero cuál será la sorpresa de todos cuando John, desde su desequilibrio mental, ridiculiza y critica con una enorme lucidez los planes de los Wheeler diciendo en voz alta lo que éstos no se atreven a confesarse a sí mismos. Así que la voz de un loco será la que desestabilice los pocos y debilitados pilares que sostienen la integridad de los Wheeler. A partir de ahí, la caída en picado será inevitable.

No he vuelto ha leer nada de Yates, pero tras esta abrasiva novela lo tengo apuntado como autor a seguir. Muy, muy recomendable.

Dificultad lingüística: media. Sí, definitivamente este es un libro ideal para aquellos que tienen conocimientos medios de inglés y que quieren leerse una buena novela en versión original y además disfrutarla. Algunas partes de la narración pueden resultar algo complicados, pero son pocos y no suelen distorsionar la comprensión de la trama general. Los diálogos son abundantes, exquisitos y no muy difíciles de entender, y los bloques narrativos fluidos y escritos en un inglés limpio y preciso. Una joya.

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Publicado el 20 septiembre, 2010 en Literatura estadounidense, Yates, Richard y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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