PELI: «Cinco metros cuadrados», España 2011

Cinco metros cuadradosPocas veces me animo a ir al cine para ver una película española (aunque últimamente, por el precio de la entrada tampoco me animo a ir al cine para ver películas de otros países), pero después de leer las críticas de ésta y de conocer un poco de la trama me entró curiosidad por verla.

Tampoco he sido un asiduo a las series de televisión de Tejero y Alterio; es más, el primero nunca ha sido un actor de mi devoción, ni siquiera cuando en una entrevista éste se quejaba de que siempre le ofrecían papeles cómicos cuando lo que él buscaba eran personajes dramáticos. Pues bien, después de ver Cinco metros cuadrados mi opinión sobre Fernando Tejero ha cambiado radicalmente. Y no sólo eso, también he sentido un poco de esperanza por el cine español, tal vilipendiado por el espectador patrio, muchas veces con todas las de la ley por crear productos realmente mediocres.

Cinco metros cuadrados no es una película perfecta (pocas lo son) ni siquiera una gran película, pero no deja ese sabor de boca pastoso y repetitivo de muchas del cine patrio de los últimos tiempos, que suelen adolecer en guiones flojos e interpretaciones pobres. En esta cinta vemos un guión bastante sólido, al menos durante los dos primeros tercios, que sólo flaquea, a mi modo de ver, en la forma de cerrar la historia; también unas interpretaciones más que solventes en la que es de justicia destacar el trabajo de Fernando Tejero, alrededor de cuyo personaje gira toda la acción. Realmente Fernando lo borda. Realiza una interpretación estupenda, como pocas veces he visto en el cine patrio, haciéndonos creer en todo momento la desesperación del personaje y llevándonos junto a él hacia lo más profundo del abismo. Pero la verdad es que no sólo Fernando Tejero realiza un trabajo magnífico, también lo hace Malena Alterio en un papel secundario que, creo, habría dado para mucho mucho más, sobre todo porque ella es una excelente actriz; Manuel Morón y Emilio Gutiérrez Caba, los malos de la película, también están a la altura de las circunstancias y entre todos estos excelentes secundarios elevan la calidad de la cinta a niveles más que aceptables.

La decisión de guionistas y director de centrarse en el drama del personaje de Fernando Tejero (Alex) es muy respetable y probablemente responda a la intención de exprimir al máximo las cualidades artísticas de Fernando y de obtener un mejor análisis de la caída en desgracia de un ciudadano cualquiera que ve cómo los sueños de su vida se escapan por el sumidero de la especulación inmobiliaria. Pero como he dicho un poco más arriba, creo que no habría estado mal darle un poco más de peso al personaje de Malena.

La historia que cuenta Cinco metros cuadrados es la historia de una estafa urbanística en la que las principales víctimas son siempre los ciudadanos de a pie. Una historia en la que se verán identificadas muchas personas porque en los últimos tiempos de burbuja y especulación inmobiliaria se han repetido con excesiva frecuencia este tipo de casos.

Si la narración de una película se pudiera comparar con el despegue de un avión, diría que la película arranca motores bien y echa a rodar por la pista satisfactoriamente para, al final, no terminar de despegar del todo, o para volar a una altura más baja de la que esperábamos, siendo esa precisamente la única parte débil que le achaco a la película. La forma de cerrar la historia se me hace algo precipitada y dudosamente exitosa, como la sonrisa final de Virginia parece querer decirnos. Cuando la veáis ya me diréis si os parece que Alex y Virginia han conseguido justicia o si por el contrario se han metido en un lío todavía más grave.

Pero en cualquier caso, la película, que mantiene en suspenso al espectador casi todo el metraje, merece la pena aunque sea sólo por ver a un Fernando Tejero que se sale de la pantalla. Muy recomendable.

  • Valoración: 4 sobre 5.

PELI: «Un cuento chino», Argentina 2011

«Un cuento chino», Argentina 2011Es indudable que Ricardo Darín es uno de los mejores actores argentinos de la actualidad. Quizá es incluso también uno de los actores más reputados, reconocidos y apreciados del panorama del cine hispanohablante. Su expresivo rostro y su voz profunda y cálida tienen una presencia inconfundible y extremadamente solvente frente a la cámara, por lo que siempre es agradable verlo. De hecho, desde El secreto de sus ojos se ha convertido en uno de mis actores favoritos, una filiación que, supongo, habrán sentido muchos más espectadores desde que se estrenó esa obra maestra.

Sin embargo, esta última película suya me deja indiferente por varios motivos. Es una película que está llena de topicazos, de situaciones, personajes y sentimientos bastante trillados en cintas anteriores con incluso mejor definición y acabado. Combina con poca gracia y menos originalidad esquemas tan manidos como el del hombre cascarrabias y escrupulosamente metódico que vive instalado en la soledad por voluntad propia, pero que en el fondo tiene corazón; el del extranjero desubicado, marginado y rechazado cuyo único apoyo será la avenencia precisamente de su antagonista; el de la mujer devotamente enamorada que nunca pierde la ilusión por el hombre que la ignora metódicamente, etc.

El ritmo de la trama resulta bastante pausado, por no decir definitivamente lento, pero creo que esto sirve para poder fijarme en otros aspectos de la cinta que, seguramente en otras circunstancias, me habrían pasado desapercibidos. Así, he podido dejar a Darín en su descafeinado papel de hombre huraño y cascarrabias para concentrarme en la interpretación de Huang Sheng Huang, el chino. La actuación de Huang Sheng, quien no pronuncia una palabra de español en toda la película, me parece digna de mención. Tan sólo con los gestos y las miradas es capaz de transmitir de forma extraordinaria el desazón y la angustia provocados por su situación insostenible que tiene origen en un accidente de lo más inusitado. Estando en China, un acontecimiento extraordinario (no diré lo que es para no estropear la película) le impide proponerle matrimonio a su prometida, por lo que, para empezar una nueva vida lejos de ese trauma, decide marchar a Argentina y reunirse con un tío suyo que vive allí. Pero cuando llega a Argentina lo roban y lo dejan tirado en la calle. Sin dinero y sin conocimientos del idioma, su situación es desesperada, pero por casualidades de la vida, Roberto (Darín) se ofrece a regañadientes a ayudarlo. Ahí comienza pues la relación entre dos personas que por un breve período de tiempo están condenadas a entenderse y, para el hosco personaje de Darín, también a soportarse pues la entrada del chino en su vida romperá todos los esquemas y rutinas de las que habitualmente no puede prescindir.

Por lo tanto, una película light con pocas pretensiones que a un servidor a pesar del siempre magnífico Ricardo Darín le ha sabido a poco; sobre todo después de haber disfrutado tanto con El secreto de sus ojos y Nueve reinas.

  • Valoración: 3 sobre 5.

LIBRO: «Ovnis: S.O.S. a la humanidad», Juan José Benítez

«Ovnis: S.O.S a la humanidad», J. J. BenítezLa culpa no es mía, no toda. Al menos una parte la tiene la prima de mi novia cuando un día llegó a casa entusiasmada con el libro de El caballo de Troya 1 e hizo que me picara la curiosidad por saber más sobre este escritor cuyos libros encontraba durante mi infancia en todas las estanterías de familiares y amigos sin excepción. La otra parte de culpa, confieso, proviene de mi intención por ir abriendo mis horizontes literarios a géneros y obras de todo tipo: «hay que leer de todo para poder opinar de todo» dijo alguien cuyo nombre no recuerdo (a lo mejor fui yo).

Pero como el volumen de El caballo de Troya 1 no es nada desdeñable, apenas 1000 páginas de tomo y lomo, y como tampoco iba a comerme semejante tocho así por las buenas, decidí comenzar con una obra de Benítez de dimensiones algo más reducidas. Así que, de entre todas las posibilidades de este prolífico escritor me decanté por una de sus obras iniciales que, además, para hacer justicia a mi nuevo principio adquirido de leer «de todo», trata sobre ovnis. Y tiene 232 páginas.

Así que éste es, por tanto, el primer libro que leo del famoso J. J. Benítez y también el primero que leo sobre esta pseudociencia llamada ufología. Quién iba a decírmelo, yo el mega escéptico leyendo sobre ovnis y demás. Pero bueno, haberlo leído no quiere decir que me haya creído esas cosas que cuenta sobre gente que habla con extraterrestes por vía telepática y esas explicaciones que relacionan el mundo sideral con la tradición religiosa católica. De hecho es que no me creo nada de nada de lo que se cuenta.

Pero confieso que el libro arranca de manera muy interesante y confieso también que, aunque estaba realmente ocupado con mis traducciones (trabajo con el que me gano los garbanzos), nada más abrir la primera hoja, ésta me llevó a pasarme media tarde leyendo sin interrupción.

Todas las obras que enfocan su existencia en motivos o premisas reales, sobre todo si se trata de ensayos o crónicas periodísticas, como pretende ser el caso, se dotan de un atractivo irresistible, incluso para los más escépticos. Y es que esta obra de Benítez, publicada en el lejano 1974, es fruto de una noticia que pasó en aquel entonces bastante desapercibida sobre un grupo de personas en Perú que tenían contactos con extraterrestres. A La Gaceta del Norte, periódico para el que trabajaba Benítez, le resultó muy llamativa tanto la noticia como la poca repercusión que obtuvo, de modo que envía a Benítez para que investigue in situ. Así que el libro comienza un poco con cierto estilo detectivesco, con un Benítez declarado escéptico total pero dispuesto a averiguar lo que leches está pasando en Perú.

En sus investigaciones conoce a la gente de IPRI (Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias), cuyos miembros, según afirma Benítez con diligencia, son gente normal que hace una vida normal, que no tiene predisposición a las cosas extrañas u ocultas, que son licenciados universitarios, estudiados, formados, pero que los fines de semana se echan al desierto para ver ovnis en el cielo y conversar con ellos telepáticamente.

Como digo, el libro empieza con las premisas necesarias para enganchar a los escépticos como yo: Benítez es un periodista, es también escéptico, se limita a entrevistar a los miembros del IPRI, transcribe sus palabras y así sucesivamente. Vamos, que uno dice: «esto va en serio; no es, por ahora un cuento de hadas». Benítez explica que la forma de comunicación con los extraterrestres es la vía telepática. Los miembros del IPRI se reúnen en un lugar adecuado con un lápiz y un papel, dejan la mente en blanco y al rato comienzan a escribir los mensajes que los extraterrestres, llamados por los del IPRI «guías», les dictan. A través de estos mensajes les citan para los avistamientos o les explican todas las dudas que les surgen. Así que, como digo, la primera mitad del libro tiene toda la pinta de que la cosa no es una broma.

Pero el caso es que todo se empieza a desmoronar a medida que avanzamos en la segunda mitad y que los miembros del IPRI le explican a Benítez todas sus dudas, muchas de ellas, debo decir, formuladas con preguntas muy lógicas y muy bien planteadas. No sé porqué, pero antes de que ocurriera empecé a sentir un cierto tufillo a secta, a la inminente llegada de temas religiosos (esto es lo bueno de ser escéptico). Y efectivamente en la última mitad del libro, los miembros del IPRI comienzan a explicarle a Benítez la conexión que existe entre los alienígenas y el folclore católico. De hecho, es sorprendente que todo lo que los extraterrestres enseñan (quiénes son, cuál es su cometido en la tierra, qué es el hombre, qué es Dios, etc.) no son más que confirmaciones de lo que se aprecia en muchos (ambiguos) pasajes de la Biblia.

Los alienígenas están contactando humanos (sólo a un grupo selecto) para ofrecerles la sabiduría y las enseñanzas necesarias con el fin de salvarlos de una catástrofe inminente (y aquí estoy yo escribiendo sobre esto 37 años después). Explican que el cosmos está habitado por seres de otros planetas (los que tratan con el IPRI son de Ganímedes y Apu, satélites de Júpiter), que el ser humano es un ser intelectualmente inferior y en comparación con ellos muy limitado, que está condenado a su autodestrucción. Los alienígenas intentan salvar a unos cuantos para evitar nuestra extinción y aprovechar la ocasión para explicarnos la concepción del universo, la que, por cierto, se menciona en las Sagradas Escrituras.

La recta final del libro es un batiburrillo de explicaciones metafísicas sobre el espíritu, Dios y la madre que lo parió, y la razón de nuestra existencia. En muchas de estas páginas Benítez se limita a transcribir lo que los miembros del IPRI le dicen en las entrevistas, pero finalmente encontramos que él se desmarca de todas esas teorías. Al fin y al cabo no tiene ninguna prueba fehaciente, salvo los escritos fruto de los contactos telepáticos que los mismos miembros del IPRI le proporcionan. Entonces llega el ovni.

Benítez, en un alarde de sensatez, les dice que a pesar de todo no tiene bases para creer esa historia y los del IPRI le invitan finalmente a un avistamiento para convencerlo. En el avistamiento, a las afueras de Lima, logran ver al final unas luces muy brillantes que se mueven y desaparecen de manera extraña. Obviamente, Benítez no lleva la cámara de fotos que suele portar en todo momento durante las entrevistas y da los motivos para ello. Entre ellos destaca que los propios miembros del IPRI, quienes le han enseñado a él en varias ocasiones sus propias fotos de los ovnis, le prohíben tomar instantáneas (¿por qué ellos sí pueden y Benítez no? ¿Por qué a pesar de todo, como periodista, Benítez no se saltó esa prohibición?). Así que al final, Benítez dice que lo que vio durante el avistamiento no pudo ser otra cosa que ovnis, aunque no aporta más pruebas que su afirmación. A pesar de que la gente del IPRI no sólo le ha mostrado fotos a Benítez de los ovnis, le ha explicado los tipos de naves y le ha descrito incluso el interior de una de ellas afirmando que todo ello es cierto, sin embargo, Benítez sólo ve unas luces extrañas en el cielo que tienen aspecto en forma de disco. Eso es todo.

En fin, que al final me ha costado bastante terminar este libro. Si lo he hecho ha sido por ustedes (agradezcan), por poder hacer una reseña en este blog y por poder decir que me he leído un libro sobre ufología (algo impensable en mí hace tan sólo unas pocas semanas atrás). La historia, a pesar de los esfuerzos de la gente del IPRI, es insostenible, deja innumerables preguntas en el aire. Si no, ¿dónde está la catástrofe inminente? ¿Si los extraterrestres son todo Amor y Sabiduría, son seres superiores a los humanos, por qué salvar a unos pocos? ¿Por qué ese afán de ocultarse a la mayoría mientras en Perú hay una organización llamada IPRI con sede física y todo que afirma a los cuatro vientos que tiene contactos con los extraterrestres y ve ovnis los fines de semana? ¿Por qué entonces no permiten a Benítez hacer fotos ni divulgan las suyas para que puedan ser analizadas? ¿Por qué los alienígenas llegan en ese preciso momento y no antes en la historia para ayudar con más tiempo antes de la inminente cataclismo? ¿Por qué todo esto? ¿Por qué?

Chi lo sa.

Valoración: 2 sobre 5 (porque el inicio es interesante).

DISCO: «Pyramid», The Alan Parsons Project (1978)

«Pyramid», The Alan Parson's Proyect (1978)Empiezo mi andadura de reseñas de discos con uno de los que más me ha marcado desde que a mediados de los 80 lo escuché por primera vez: Pyramid, de The Alan Parsons Proyect. Este pedazo de disco, conceptual, para más señas, es el tercero de la banda liderada por Alan Parsons y Eric Woolfson, sus dos pilares compositivos. Con anterioridad, Parsons y Woolfson sacaron a la venta los nada despreciables (es decir, también obras maestras) Tales of Mistery and Imagination (1976) y I Robot (1976), obteniendo un reconocimiento sin igual por parte del público y de la crítica durante aquellos años finales de la década de los 70, un reconocimiento mayor incluso que con Pyramid.

Seamos benévolos y aceptemos (aunque no compartamos) lo que la historia ha escrito y lo que algunos se empeñan en afirmar como un disco prescindible. Sin embargo, para mí, Pyramid es sin ningún tipo de duda el mejor álbum de estos dos compositores ingleses, y también sin duda, uno de los mejores de la historia de la música de cualquier género. Esto puede deberse a dos cosas: que Pyramid es uno de los discos más oscuros de The Alan Parsons Project y que mis gustos provienen principalmente del rock, rock progresivo, heavy metal en muchas de sus variedades y las bandas sonoras. Por eso, si comparamos los rangos cromáticos de los demás discos de The Alan Parsons Project podemos ver que Pyramid es algo más tenebroso (escúchese el espeluznante In the Lap of the Gods o el futurístico Hyper-Gama Spaces para hacerse una idea). En fin, que todos se empeñan en decir que no es un disco que va más allá y a mí me emocionan cada uno de sus acordes de una manera única. Está claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero precisamente por eso yo me permito la libertad de decirlo aquí a todo el mundo: ¡Pyramid es una auténtica pasada! Es un disco lleno de canciones que parecieran provenir de más allá del espacio en forma de momentos cósmicos y estados de la mente, intemporales, reales, preciosos, de una emotividad y profundidad sin parangón. El primer tema, Voyager, ya es toda una declaración de intenciones. Vamos allá y adentrémonos en el mundo virtual de Pyramid.

1. Voyager ↓ (instrumental)

Recomendación: conecte los auriculares al PC o a la cadena de música. Si no tiene, baje inmediatamente a la calle y vaya a la tienda más cercana para comprar unos, pero que sean de buena calidad. A continuación colóquese en una posición cómoda, a ser posible sentado de forma reclinada en un buen sofá con la ventana cerca por si le place mirar hacia el infinito del cielo. Ahora dele al play y espere. En seguida se sumergirá en un viaje espacial que le llevará muy lejos…

Hay que recordar que esta fantástica pieza instrumental fue concebida a finales de los años 70, cuando los sintetizadores (y más aún los samplers generados por ordenador) eran toda una novedad tecnológica que no muchos conocían y todavía unos pocos dominaban. En Voyager tenemos una pieza exquisita de ingeniería musical, una pieza excelente de composición que sirve como proemio al periplo que viene a continuación.

2. What Goes Up ↓ (letra)

[If all things must fall

Why build a miracle at all

If all things must pass

Even a pyramid won’t last]

Si todas las cosas deberán caer / ¿Por qué construir milagros? / Si todas las cosas deberán quedar atrás / Tampoco la pirámide durará. Es maravilloso cómo con tan poco se puede hacer tanto. La melodía de este tema es sencilla, la letra es sencilla, el tempo, medio, y sin embargo nos embarga la emoción. Eso es precisamente lo que hace genial este disco: cómo con esquemas simples se puede lograr tanto. La voz de la conciencia pregunta si el paso del tiempo lo puede todo, ¿por qué pretender hacer cosas que perduren? La respuesta quizá sea diferente para cada uno.

3. The Eagle Will Rise Again ↓ (letra)

[As the days of my life are but grains of sand

As they fall from your open hand

At the call of the wind’s command]

Pues los días de mi vida no son más que granos de arena / Que caen de tu mano abierta / A las órdenes del viento. Enorme balada en la que un joven faraón, convertido en dios en vida, ahonda en las inseguridades propias de la raza humana. Si te encuentras solo y lejos de donde deberías estar, si los problemas se ciñen sobre ti, si la persona a la que quieres está lejos, escucha esta canción. Estoy convencido de que durante los más de cuatro minutos que dura te olvidarás de aquello que te aflige o te ayudará a sobrellevarlo. Una vez más me fascina la sencillez del tema, pues gran parte de él está basado en tan sólo tres notas y una línea de voz.

4. One More River ↓ (letra)

[Don’t look back cause there’s one more river

Don’t turn your back you got one more river to cross

No more fightin’ and no more dyin’

No more cheatin’ and no more lyin’]

No mires atrás porque hay otro río más / No te vuelvas, hay otro río más que cruzar / No más luchas y no más muertes / No más engaños y no más mentiras. Esta es una de las piezas más pegadizas y movidas de todo el disco, una especie de rock an’ roll con la voz de Lenny Zakatek. Fue todo un éxito radiofónico y no es para menos. Esa combinación orquestal con tintes roqueros y ese saxofón dando caña es de una exquisita virtud musical al alcance de pocos compositores.

5. Can’t take it with You ↓ (letra)

[No matter what you do

No you can’t take it with you

Not the place you’re going to

Can’t take it with you]

No importa lo que hagas / No, no puedes llevarlo contigo / No al lugar hacia el que vas / No puedes llevarlo contigo.

Todo lo que nos proponemos en vida es interrumpido cuando aparece la muerte. Este paradigma, aunque sencillo y lógico suele pasarnos desapercibido muchas veces a lo largo de nuestra existencia, pero es una verdad incuestionable. La melodía de este tema es uno de los más pegadizos y representativos del dúo Parsons-Woolfson. Ese solo de guitarra, insisto una vez más, sin ser realmente elaborado y que finaliza ligeramente desafinado permanece en el subconsciente durante mucho tiempo.

6. In the Lap of the Gods ↓ (instrumental)

Es extraño. Yo debía tener unos ocho o diez años cuando escuché por primera vez esta canción y confieso que me cagaba de miedo cada vez que lo hacía. Sin embargo, sentía una rara atracción hacia este tema tan tremendo por sus más de cinco minutos de carga dramática. Ese inicio inconfundible de campanas funerarias y esa melancólica flauta que proyectan una escena de desolación intemporal… con ese golpe de órgano sensacional que me erizaba todos los pelos del cuerpo, ese coro tremendo y no humano, esos virajes violinísticos espectaculares… Es que uno no puede sentirse de otra forma cuando está en el regazo de los dioses. Para mí uno de los temas musicales más espectaculares jamás compuestos.

7. Hyper-Gama-Spaces ↓ (instrumental)

Abandonamos el espacio terrenal para adentrarnos al espacio sideral. Recuerden, estamos en el año 1978, pero los arreglos y la composición de este corte casi podría definirse como los orígenes de la música electrónica, concretamente de la música ambient (estoy convencido de que ha debido ser una fuente de inspiración de este género musical que tuvo su auge durante los años noventa).

8. Shadow of a Lonely Man ↓ (letra)

[Look at me now, the shadow of the man I used to be]

Mírame ahora, la sombra del hombre que una vez fui. Llegamos al final de este épico periplo con esta balada melancólica que nos cuenta cómo el espíritu del faraón se ciñe sobre sus tesoros terrenales colocados ahora en un museo, y cómo los visitantes lo contemplan con diferente interés.

¿Qué es lo que hace que no nos cansemos nunca, repito NUNCA, de escuchar un disco? No tengo respuesta para esto; sólo sé que Pyramid es uno de «esos» discos, uno de los pocos que gozan del beneplácito de la perpetuidad: tras haberlo escuchado, sus líneas melódicas se pueden quedar en nuestra mente durante días y, al contrario de lo que podría esperarse, deseamos volver a introducirnos en esas canciones nuevamente, una y otra vez.

Estado de ánimo ideal para escuchar el disco: momento de introspección, cualquier estado de melancolía, cuando se está en búsqueda de la inspiración, cuando se quiere y necesita abandonar este mundo por unos minutos para volverse a conocer nuevamente.

Valoración: 6 sobre 5.

PELI: «Black Swan» («Cisne negro»), EE UU 2010

Creo que hay dos formas de de ver esta película sin que te destroce el estado anímico: en un estado de alegría y euforia elevado o bajo los efectos de algún estupefaciente. ¿Por qué? Pues porque la historia de esta bailarina llamada Nina Sayers (Natalie Portman) es triste, qué digo triste, dramática, y en ocasiones esperpéntica y terrorífica.

Yo la vi bajo un estado anímico normal y cuando salieron los créditos finales estaba totalmente repantingado en el sofá pensando en la manera de quitarme de este mundo. ¡Qué depresión! Ahora bien, si esto era lo que el señor director Darren Aronofsky pretendía, puede felicitarse y darse por satisfecho. Esta peli es de las que deprime y además juega con la sicología —no sólo de la bailarina protagonista— sino del espectador, pues la forma narrativa es la de introducirlo en el mundo de Nina, una joven bailarina de ballet clásico con mucho talento pero muy insegura, que consigue el papel de su vida para interpretar a los dos cisnes (el blanco de la pureza y la ingenuidad y el negro de la perversión y la seducción) en la obra El lago de los cisnes, de Piotr Ílich Chaikovski. A pesar de su talento, el director de la obra, el profesional pero a la vez tirano Thomas Leroy (excelente Vincent Cassel), está convencido de que Nina, perfecta en el papel de cisne blanco, no tiene la capacidad para representar el cisne negro y esto se convertirá en una obsesión que romperá los límites de la salud mental de Nina. Para colmo, la joven bailarina vive con su madre soltera (o viuda), una antigua gloria del ballet venida a menos y medio enloquecida por el recuerdo de lo que podía haber sido en el mundo de la danza si no hubiera sido porque se quedó embarazada de Nina.

Aronofsky crea una atmósfera cerrada y angustiosa que representa el mundo interior de Nina y cómo su obsesión por la perfección y por encontrar el oscuro tenebroso necesario para representar al cisne negro la va consumiendo y enloqueciendo progresivamente (consumiendo y enloqueciendo a la vez al espectador). Para ello se apoya en una técnica muy práctica: durante toda la película estamos oyendo una banda sonora con partes de la obra El lago de los cisnes. Esto recarga enormemente el ambiente y es una especie de reflejo de la obsesión de Nina.

La película me ha gustado. Pero así como me gustan las trufas de chocolate, que si me como quince del tirón termino empachado y con dolor de estómago, me ocurre lo mismo con esta cinta. Natalie Portman lo hace estupendamente y a mi juicio obtuvo un merecido Oscar; el trabajo de dirección, la cámara metiéndose entre los bailarines y la puesta en escena en general son de una excelente factura estética. Pero lo dicho, acuérdense de las quince trufas de chocolate, el que avisa no es traidor.

Valoración: 3,5 sobre 5.

Dificultad lingüística: media. Los diálogos no son excesivamente complicados ni los actores hablan con acentos particulares.

PELI: «A bout de souffle» («Al final de la escapada»), Francia 1960

¿Alguna vez han deseado viajar a través del tiempo hacia el pasado? ¿Alguna vez han soñado con estar, por ejemplo, en el París de los años 60? ¿Sí? Pues entonces deberían urgentemente ver esta película de Jean-Luc Godard. Urgentemente. ¡Ya!

Y es que esta pieza de arte visual es una delicia se mire por donde se mire. La interpretación de Belmondo y Seberg es exquisita, el trabajo de cámara magistral, la luz inolvidable, la escenografía, que en realidad no es tal porque el director lo que hizo fue meterse en las calles de París y pedir a los transeúntes que por favor no miraran a la cámara, capta la esencia de un París real pero al mismo tiempo de ensueño, hedonista y seductor, y pocas veces retratado de manera tan cautivadora.

Me parece muy curioso que siendo una de las cintas más importantes no sólo del cine francés, sino de la historia del cine en general, la trama sea tan sencilla y sin pretensiones, como si la hubiera escrito un estudiante de instituto. Michel Poiccard es un pillo que idolatra a Humpfrey Boggart. Trata de vestir como él, de caminar como él, de fumar como él, de proyectar la misma imagen de hombre duro. Un día en Marsella roba un coche y es perseguido por dos policía en moto matando a uno de ellos durante la huida. Llega a París, y lo hace principalmente por dos motivos: para reclamar a una persona un dinero que le está debiendo y para verse con la hermosa estudiante norteamericana Patricia Franchini (Jean Seberg) con quien había tenido una relación sentimental tiempo atrás. A pesar de que tiene a toda la policía de Francia pisándole los talones, lo único que le preocupa a Michel es volver a seducir y convencer a Patricia para que se marche con él a Roma. Pero la joven y atractiva norteamericana no parece muy interesada. En realidad Michel le resulta atrayente, pero ella es muy joven y está demasiado confundida como para saber qué es lo que realmente quiere de la vida. Sobre todo cuando en su entorno todos los hombres caen rendidos a sus pies por su hermosura y su seductor acento al hablar en francés. Y precisamente esa indeterminación será la pérdida para Michel, más enamorado de ella a cada momento que pasan juntos.

Esta película es tremenda (¿lo he dicho ya?). Uno puede verla varias veces y encontrar siempre algo distinto, un gesto nuevo, un guiño que antes ha pasado inadvertido, Yo, que nunca he sentido pasión por la cultura francesa no puedo más que rendirme a esta obra maestra, a las hermosas imágenes del París de los años 60 y a la inocencia de Michel, que es un cabroncete pero por quien al final uno termina de sentir bastante empatía. No sé si sólo me ha pasado a mí, pero A bout de souffle es de esas pocas películas que consigue transportarte y meterte en la historia que cuenta como si de verdad la hubieras vivido en tus propias carnes.

  • Valoración: 5 sobre 5.
  • Dificultad lingüística: media tirando alta. Sobre todo por sus largos y rápidos diálogos. La dificultad estriba en que Michel Poiccard habla bastante rápido y emplea léxico vulgar parisino.

Novedad en el blog: valoración de la dificultad lingüística de los libros reseñados

Ya sabéis que he comenzado ha hacer una valoración de la dificultad lingüística de las películas que reseño y que veo en versión original. Como también leo muchos libros en inglés, italiano y alemán, he pensado que la idea de reflejar la complejidad lingüística podría ser útil para aquellos que conocen estos idiomas pero no se atreven con el texto original. Puede que esta valoración lingüística les ayude a decidirse por la versión original.

Ahora para cada obra indicaré el nivel de idioma que sería necesario tener para poder entenderla en su versión original. Por supuesto, no es una valoración objetiva, yo mismo tengo un nivel de inglés medio y para muchos libros necesito irremediablemente de un diccionario. Esta idea pretende ser tan sólo una pequeña orientación para aquellos que como yo valoran el producto original y han emprendido la cruzada de leer en el idioma original. A continuación explico cada uno de los niveles de dificultad:

Dificultad lingüística

  • Baja: estilo narrativo y léxico de fácil comprensión. El lector precisa de un nivel bajo para entender con garantías. Este nivel podría compararse al adquirido en la escuela media (instituto).
  • Baja tirando a media: cuando la obra contiene algunas partes más exigentes lingüísticamente hablando aunque su carácter general es de gran sencillez.
  • Media: el lector precisa de conocimientos algo más solventes, por ejemplo, la capacidad de reconocer el lenguaje coloquial o la facultad de detectar diferentes acentos o dialectos. Una obra de dificultad media no trata sobre temas muy técnicos o profundos.
  • Media tirando a alta: por ejemplo, cuando algunos pasajes de la obra son de carácter técnico o incluyen personajes que emplean un dialecto.
  • Alta: el lector debe tener muy buenos conocimientos del idioma, habiendo vivido por un periodo de tiempo considerable en algún país en que se hable el idioma de la obra.
  • Muy alta: cuando no basta con diferenciar dialectos o acentos ni comprender diálogos rápidos, sino cuando se comprende a la perfección el lenguaje técnico de algún área del conocimiento.

Me gustaría recordarles que si he leído el libro en su versión original, en el título de las reseñas menciono el título original de la obra y, entre paréntesis, su traducción (de haberla). De lo contrario quiere decirse que he leído una traducción en español.

Espero que les resulte útil.

PELI: «Good Will Hunting» («El indomable Will Hunting»), EE UU 1997

Esta peli ha sido una grata sorpresa. Llevaba mucho tiempo queriendo verla y la otra noche conseguí finalmente desquitarme. Me ha gustado mucho. Siempre he pensado que Matt Damon y Ben Affleck no eran buenos actores, pero se da la curiosidad de que en esta peli me parece que los dos (mejor Ben) hacen un buen trabajo. Además, desconocía que ambos eran amigos desde la adolescencia y que esta historia está firmada por los dos guaperas.

Will Hunting es un chico conflictivo pero superdotado que trabaja de limpiador en una universidad. En su tiempo libre suele hacer dos cosas: leer todo tipo de libros siendo capaz de retener cualquier tipo de información y salir con su pandilla de amigos. Un día la vida de Will cambiará cuando en la universidad donde trabaja escribe la solución de un problema matemático extremadamente difícil que el profesor Gerald Lambeau ha escrito en una pizarra pública para motivar a sus alumnos. El profesor se obsesiona con Will y trata de diseñarle un futuro como genio de las matemáticas. Pero Will, aunque no tiene claro qué hacer con su vida, no está interesado en la propuesta del profesor. Entonces el profesor le propone hacer terapia para ayudar al joven a encontrar su vocación, pero Will se ríe de todos los psiquiatras y loqueros que le obliga a visitar. Finalmente, desesperado, el profesor acude a un antiguo amigo de universidad con el que cierta rivalidad académica terminó congelando su amistad, el profesor Sean Maguire (Robin Williams). Tras unas sesiones iniciales controvertidas, Will comienza a escuchar al nostálgico pero sabio profesor (magistralmente interpretado por Robin Williams), quien poco a poco consigue dar con el problema de Will.

La verdad es que no encuentro ningún aspecto distorsionador en esta cinta. Es más, me parece una de esas películas compactas donde la historia está bien diseñada, los actores hacen un trabajo solvente y el director ha tomado las decisiones correctas. Ya sé que las pelis perfectas (casi) no existen y esta no lo es, pero el regusto que deja al final es de un producto bien hecho.

  • Valoración: 4 sobre 5.
  • Dificultad lingüística: alta (por el lenguaje matemático y académico empleado y la rapidez de los diálogos).

LIBRO: «Anatomía de un instante», Javier Cercas

Ha sido una pura coincidencia haber terminado de leer este ensayo de Javier Cercas coincidiendo con el 3oº aniversario del golpe de estado. Su lectura me la recomendó mi gran amigo lector, pero los motivos reales por los que elegí leerlo fue la necesidad de tapar mi vergonzoso desconocimiento respecto a lo que ocurrió en aquel dramático pasaje de la historia reciente de España y la prosa fácil y dinámica del autor. La verdad es que se han escrito muchos libros sobre el tema, pero el estilo narrativo de Cercas, que conozco por Soldados de Salamina, me ha hecho decidirme por éste.

Cercas hace una disección de los acontecimientos del golpe que comprende y profundiza varios niveles, todos ellos complementarios y relacionados entre sí: cuál era la situación del país en ese momento, quiénes fueron los autores intelectuales y los ejecutores de la asonada, cómo y por qué reaccionaron diversos diputados ante la irrupción de Tejero y sus guardias civiles en el hemiciclo, qué debía ocurrir en la cabeza del Rey en esos momentos, cómo la indecisión de los capitanes generales por sumarse al golpe fue un factor determinante en el fracaso del mismo, qué debía pensar Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo cuando se les obligó por la fuerza a quedarse inmóviles y a dejar bien visibles las manos sobre las mesas de los diputados.

Imagino que mucha de esta información ya se ha tratado en otros ensayos, pero lo que me parece relevante resaltar de esta obra de Javier Cercas es precisamente ese análisis múltiple cuyo epicentro son las imágenes del asalto al Congreso que todos tenemos en nuestra memoria y desde el que el autor analiza y determina toda una serie de aspectos con el fin de que cuando terminemos de leer el libro tengamos una visión más completa de los sucesos.

El autor hace un profundo análisis de la figura de Adolfo Suárez, al que describe como ambicioso seductor sin alcurnia capaz de hipnotizar, encandilar y aplacar a todos aquellos que intentan ponerse en su camino. Fue un político puro que consiguió convencer a todos los poderes del momento de que era la persona ideal para garantizar sus intereses. Pero lo que realmente estaba llevando a cabo cual malabarista eran los suyos propios que coincidían con dar al país un rumbo hacia una democracia real. Convenció a los franquistas de que él era la continuidad del espíritu del Movimiento. Convenció al Rey, quien le puso a dedo en el poder porque en ese momento representaba la imagen ideal del franquista moderno, de que era un monárquico acérrimo que defendería la monarquía a toda cosa; convenció a su partido (integrado por muchos políticos conservadores o afines a Franco) de preservar sus principios políticos; convenció al ejército de que todo seguiría como antes (atado y bien atado). Sin embargo, nada más llegar al poder apartó de los puestos de gobierno a los franquistas, colocó como vicepresidente a un militar (Gutiérez Mellado) conocido más por sus valores políticos que castrenses y sobre todo, lo que más soliviantó a la mayoría franquista y a un ejército tenso, legalizó al Partido Comunista.

Pasada la fase hipnótica a la que sometió a todo el mundo, Suárez comenzó a sufrir en carnes propias el descrédito de todos los estamentos de poder, incluidos los de sus propios compañeros de partido; el ejército no le terminó de perdonar la progresiva apertura política del gobierno y el Rey comenzó a sentir que se estaba convirtiendo en una grave molestia, pues el país se había sumergido en una de las peores crisis económicas y sociales que se recordaban.

Una vez leído el libro la idea que me llevo de Suárez es la de una figura cuasiliteraria, la de un héroe hecho a sí mismo que para salvar a la patria debe condenarse, la de alguien a quien el destino tuviera reservado el glorioso papel de inmolarse por una causa prácticamente imposible. Ahora en serio. Si todo lo que leemos en «Anatomía de un instante» es reflejo de la verdad, entonces está claro que Suárez es un héroe en el sentido más tradicional de la palabra, y que le debemos todos los españoles el reconocimiento de haber logrado un hecho memorable: ser la pieza clave que garantizó un cambio seguro hacia la democracia plena en nuestro país.

En cuanto a la asonada , entre las reflexiones de Cercas hay una que me llama la atención. Es la afirmación de que el golpe de estado podría entenderse en cierta manera como el hecho histórico que, obviamente al fracasar y precisamente porque fracasó, anuló la tradicional tensión entre las dos españas. A excepción de los golpistas, la indecisión de prácticamente todos los oficiales del Ejército, especialmente la de los capitanes generales, propició la purga llevada a cabo tras el juicio del 23F según la cual se sustituyó por militares de nuevo cuño a un gran número de oficiales afines al franquismo. El fallido golpe actuó así como una especie de descongestionante, como una válvula reguladora de presión que se abrió y dejó salir toda la tensión acumulada durante décadas en las que España vivió en la división y en la intolerancia. Ya sé que todavía no hemos superado este problema porque hoy día el bipartidismo reinante garantiza esta visión bipolar de nuestro país. Pero en aquel entonces supuso un salto considerable hacia la convivencia produciéndo un alejamiento del franquismo que aún muchos trataban de salvar e imponer. Esta reflexión de Cercas me parece interesante y bastante acertada.

Para finalizar diré que el libro está escrito de una forma muy amena y sencilla, estilo típico del autor, y que lo recomiendo no tanto por su veracidad, la cual me es imposible de respaldar porque desconozco el tema, sino por condensar muy bien ese momento determinante de nuestra historia reciente.

Novedad en el blog: valoración de la dificultad lingüística de las películas y las series reseñadas

Como novedad he introducido una valoración sobre la dificultad lingüística. Ahora para cada película indicaré el nivel de idioma que sería necesario tener para poder verla y entenderla en su versión original sin subtítulos. Por supuesto, no es una valoración objetiva, yo mismo tengo un nivel de inglés medio y para muchas películas o series necesito irremediablemente los subtítulos. Esta idea pretende ser tan sólo una pequeña orientación para aquellos que como yo valoran el producto original y han emprendido la cruzada de ver las pelis en el idioma en el que fueron realizadas, ya sea el inglés, el turco o el malasio. A continuación explico cada uno de los niveles de dificultad en que clasifico las pelis y series que voy reseñando en este blog:

Dificultad lingüística

  • Baja: la cinta contiene pocos diálogos o éstos son de fácil comprensión. El espectador precisa de un nivel bajo para entender con garantías. Este nivel podría compararse al adquirido en la escuela media (instituto).
  • Baja tirando a media: cuando la cinta contiene algunas partes más exigentes lingüísticamente hablando aunque su carácter general es de gran sencillez.
  • Media: el espectador precisa de algunos conocimientos en lenguaje coloquial o la facultad de detectar diferentes acentos o dialectos. Una cinta de dificultad media no contiene diálogos rápidos ni muy profundos.
  • Media tirando a alta: cuando algunos pasajes de la película son de carácter técnico o incluyen personajes que emplean un dialecto o un acento fuerte.
  • Alta: el espectador debe tener muy buenos conocimientos del idioma, habiendo vivido por un periodo de tiempo considerable en algún país en que se hable el idioma de la película.
  • Muy alta: cuando no basta con diferenciar dialectos o acentos ni seguir diálogos rápidos, sino cuando se comprende a la perfección el lenguaje técnico de algún área del conocimiento.
Seguir

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